martes, 24 de abril de 2018

Al son de los violines

No sabía dónde ir, dónde encontrar consuelo. Cargaba sobre mis espaldas el peso del mayor desencanto de mi vida y necesitaba huir para borrar su imagen, olvidar sus besos, sus caricias, la forma en que hacíamos el amor.
Empecé a recorrer las calles nevadas y el intenso frío me llevó a protegerme en un cine. Entré sin mirar el título de la película que proyectarían.
Se apagaron las luces, se encendió la pantalla y ahí, frente a mis ojos refulgió el título: “Las brujas de Eastwick”.
Inmediatamente quedé paralizada, fue la primer película que vimos juntos diez años atrás.
Recuerdo, a la salida del cine, fuimos a su casa, cenamos a la luz de las velas, después me condujo al dormitorio, encendió el tocadiscos, puso la banda de sonido del film y me empezó a desvestir. Sus labios fueron el arco y mi cuerpo el violín. Con el crescendo de la música llegamos al éxtasis; a partir de ese día esa melodía siempre acompañó nuestra pasión y se convirtió en un himno de placer y lujuria.
Sí, se me eriza la piel y una corriente eléctrica recorre mi columna cuando lo rememoro.
Me quise concentrar en la cinta pero empecé a temblar, a vivir la película de mi vida.
¿Quién condujo mis pasos a esa sala? ¿Por qué daban justo ese film?
No pude continuar viéndola, me levanté sin hacer ruido y en puntillas me apresuré a la salida y la música corrió a mi lado y se mezcló con los gritos de los actores y la música, esa música...
Noté que la llevaba incorporada dentro de mí, que mi mente la tarareaba. Sentí la necesidad de escucharla muchas veces, de introducirme en ella, de vibrar al son. Caminaba sin rumbo cuando a lo lejos, sobre la mano de enfrente divisé un cartel que anunciaba la presencia de una disquería, “Vértice musical”; la misma acrecentaba años de trayectoria. Era un viejo escaparate donde se podían conseguir temas de colección, discos antiguos y piezas únicas.
Crucé la calle sorteando los vehículos y cuando iba a ingresar, un gato negro se me cruzó entre las piernas, me clavó sus verdes ojos y lanzó un maullido. Para mí no fue un mal augurio, todo lo contrario. “Todo tiene que ver con todo”, —me dije—; las brujas, la música, el gato, recreaban sin querer el laberinto oscuro al que me había lanzado la ruptura, el engaño, la comprobación del desamor.
Un viejecillo con anteojos de marco de plata se acercó, me sonrió y me preguntó qué buscaba. Cuando le mencioné la banda sonora, me miró con curiosidad y en cierta manera hasta esbozó un gesto de perplejidad.
—Nunca se dio, —me dijo— que en un mismo día, dos veces pasara por mis manos el mismo disco.
Cuando le manifesté que no entendía, me contó que a la mañana temprano había entrado un hombre joven, aparentemente entrado en copas y que le había vendido ese long play, pues, aducía le traía malos recuerdos.
Ahora era yo quien lo tenía en mis manos para revivir la vieja pasión. Reconocí la carátula en cuanto la vi, es más, en un ángulo conservaba el corazón que yo había dibujado con el nombre de ambos.
Salí de la disquería con el convencimiento de que no existían las casualidades.
Ingresé a mi departamento ya con el anochecer encima pero no encendí las luces, no haría falta, me acerqué al centro musical, puse el disco con el volumen al máximo y me acosté a escuchar los violines, mi cuerpo empezó a temblar.

Publicado en El Narratorio N° 26


martes, 13 de marzo de 2018

Anhelo




La anciana engalanaba la mesa con mi presencia. Llenaba de té mis entrañas, sacaba brillo a mi cuerpo, ponía un florero de rosas a mi lado y esperaba, palpitante, la llegada del joven galán.
Esa tarde, me abrumó su ausencia. Un rato después, vi pasar una camilla que llevaba un bulto en un saco de plástico. Detrás, los uniformados arrastraban al supuesto novio esposado.
Yo quedé vacía y mi vida pasó de vibrar amor a ser una simple tetera de decoración en una vitrina. Todavía espero la cálida caricia que me vuelva a dar esplendor.1


1Mención especial en el IV Certamen de microrrelatos "De amor" de Letras como espada, Toledo, marzo de 2018.-

viernes, 23 de febrero de 2018

Un simple adiós


Ese verano, dos años atrás, fue muy diferente. Cuando cumplí los nueve, el regalo fue ir a visitar a mis abuelos que viven en Chile. Mis padres me pusieron en un avión a cuidado de la tripulación y tras una hora y media de viaje, me pude estrechar con ellos.
Estaban encantados con mi visita y me tenían reservada una sorpresa, iríamos a visitar la casa del poeta. Mi abuela era escritora y quería darle una impronta diferente a estas vacaciones.
Al tecer día de estadía, me dijo que me aprontara pues nos iríamos de viaje.
Así calcé mi pantalón nuevo, mis zapatillas también para estrenar y una remera celeste, los colores de mi club de fútbol.
Subimos al automóvil y noté un brillo especial en sus ojos, el abuelo sonreía con complicidad.
Cuando le pregunté a dónde nos dirigíamos, solo me dijo: «a la casa del poeta.»
Recordé así una estrofa que ella me cantaba para hacerme dormir:
“ El viento es un caballo:
óyelo cómo corre
por el mar, por el cielo.”
Después de una hora y media de viaje, yo dormitaba y me despertó el grito de mi abuela pues había divisado el peñasco donde estaba la vivienda. Efectivamente, habíamos llegado a Isla Negra.
Descendimos, nos dirigimos los tres hacia la entrada, mi abuela apretó mi mano y me dijo: «esperé muchos años, Joaquín, demasiados para visitar su última morada y ahora aquí, siento que no podré aguantar tanta emoción.»
Entramos muy serios como la ocasión lo requería. En la sala de estar los mascarones de proa empezaron a danzar frente a mis ojos y me sentí en medio de una ciudad fantasma habitada por estos seres, algunos de los cuales parecía salido del libro de mitología que leíamos en clase.
Cerré por un instante los ojos, pero al abrirlos todavía estaban allí. Algunos me daban miedo. Me refregué los ojos muchas veces para ahuyentar la imagen pero se empecinaban en permanecer, altivos y desafiantes. Si hasta me parecía que se burlaban de mí.
De lejos, vi a mi abuela parada en el aposento junto a la que había sido la cama de Neruda recitando el Poema 20. Desde atrás, un parlante hacia el eco… “Puedo escribir los versos más tristes esta noche”…
Recorrimos palmo a palmo cada rincón de la casa y ya afuera, en el jardín, vi a mi abuela arrodillarse y llorar frente a dos tumbas. Mi abuelo la acompañaba de pie. El mar golpeaba el peñasco y rezaba un murmullo de eternidad.
Yo me quedé alejado, con miedo quizás, la muerte siempre me genera ese sentimiento.
Ella regresó, me volvió a asir la mano y me dijo: «en este lugar, sabes, duermen el amor y el genio; los apartaron, los quisieron silenciar, los persiguieron, pero al final, los dejaron descansar en paz en el último lugar que eligieron para estar juntos: él y Matilde, su último gran amor.»
Solté su mano, corrí hacia esas tumbas frente al mar, las miré conmovido y cuando leí el epitafio redactado por Neruda de manera premonitoria, “Regresé de mis viajes. Navegué construyendo la alegría”, desde el fondo de mi garganta salió un grito de despedida: « Adiós Poeta, adiós Don Pablo.»

14 comentarios

  1. 1. Carmen Ramacciotti dice:
    Hola Galia.
    Cuánta emoción irradiaba esa abuela! Qué alma tan pura la del niño para dejarse invadir por ella!Y el reconocimiento al gran poeta americano en esa visita cargada de magia y ternura a su amada Isla Negra. Dan ganas de estar allí y sentir la presencia de su espíritu, todo poesía.
    Gracias Galia.
    Saludos.
    Escrito el 17 febrero 2018 a las 03:58
  2. 2. Dante Tenet dice:
    Galia:
    Mucha emocion en tu relato, al principio pense que era autobiográfico, pero el protagonista es un niño.
    Con respecto a este querido y entrañable espacio, soy optimista, quiero ser optimista.
    nos estamos leyendo.
    Escrito el 17 febrero 2018 a las 23:42
  3. 3. Otilia dice:
    Hola Galia:
    Gracias por leer y por el comentario tan amable.
    Tu relato me ha gustado y se lee con fluidez.
    Un bonito homenaje al poeta Neruda por medio del recuerdo de un niño.
    Buen trabajo. Saludos.
    Escrito el 18 febrero 2018 a las 10:41
  4. Hola Galia:
    Gracias una vez mas por pasarte por mi relato. Respecto al tuyo, siempre me encanta leerte. Ya me he acostumbrado un poco a los vocablos argentinos que al principio, recordarás, me costaban mucho. Me ha gustado mucho, es muy tierno y evocador. Para mi un solo fallos, a mi gusto, la repetición de la frase: parecia que se burlan de mi.
    Como siempre “Genial”.
    Un abrazo
    Escrito el 18 febrero 2018 a las 19:32
  5. 5. Roberta dice:
    Hola Galia.
    Impecable tu relato y un excelente homenaje a un enorme poeta como fue Neruda. Gracias.
    Muchas gracias también por comentar mi relato.
    Felicitaciones.
    Nos seguimos leyendo.
    Escrito el 18 febrero 2018 a las 20:37
  6. 6. Piquillín dice:
    Hola Galia: En principio te agradezco la visita a mi relato. Me gustó mucho tu texto, sobre todo la descripción de la casa de Neruda, dan ganas de ir a conocerla. A mí también me sonó repetitiva la frase “parecían que se burlaban de mí”.
    Espero que nos podamos seguir leyendo, siempre es un gusto.
    Escrito el 18 febrero 2018 a las 22:07
  7. 7. Orestes Artiles dice:
    Buenas Galia;
    Primero agradecerte tu comentario. Segundo, coincido con la reiteración comentada anterior y añadiría un “como” para marcar la comparación en:”y me sentí en medio de una ciudad fantasma”.
    Por lo demás, es un placer leer tus relatos y éste invita a continuar en la próxima escena. Definitivamente muy conmovedor.
    Un saludo.Nos leemos.
    Escrito el 18 febrero 2018 a las 23:11
  8. 8. Lucho dice:
    Hola Galia. Primero para agradecerte por los comentarios sobre mi escrito. Paso a comentar el tuyo: Es fluído y coherente. Un reconocimiento a ese poesta de ustedes y de todos nosotros Neruda. El escrito es bonito. Algunas observaciones:
    Frases que me gustaron:El mar golpeaba el peñasco y rezaba un murmullo de eternidad.
    Aspectos a corregir si los encuentras que valen la pena, es tan solo mi comentario:miré conmovido y cuando leí el epitafio redactado por Neruda de manera premonitoria, “Regresé de mis viajes. Navegué construyendo la alegría”, desde el fondo de mi garganta salió un grito de despedida: « Adiós Poeta, adiós Don Pablo.» CONSIDERO QUE QUEDA INCONCLUSA ESTA FRASE, ¿SERA QUE SOBRA LA Y?
    Al tecer día de estadía TERCER VA JUNTO, ERROR DE DEDO. CREO QUE NO SUENA BIEN DÍA Y ESTADÍA.
    algunos de los cuales parecía salido PARECÍAN SALIDOS
    SE USA LA PALABRA PARECÍA MUY CERCA Y NO SUENA BIEN: EN LA FRASE ANTERIOR Y EN ESTA parecían que se burlaban Y LUEGO EN ESTA Si hasta me parecía
    Saludos
    Escrito el 19 febrero 2018 a las 05:38
  9. 9. Judith dice:
    Hola Galia,
    Muy lindo homenaje a Neruda! La relación abuelo-nieto siempre resulta en algo muy tierno y tu relato lo es. Me gustó mucho.
    Leí en un comentario que sos argentina (por fin puedo poner el “sos” libremente jaja). Yo soy uruguaya pero vivo en México desde hace 6 años ya.
    Espero poder seguir leyéndote. Soy la 137 por si querés leerme.
    Saludos.
    Escrito el 19 febrero 2018 a las 06:27
  10. 10. saulo dice:
    Hola, me ha gustado mucho el relato. No sé qué puedo decirte, tiene ritmo, está bellamente escrito… ¿Que hay cosas que podrían mejorarse? En qué relato no las hay. Gracias
    Escrito el 19 febrero 2018 a las 09:05
  11. 11. paola panzieri dice:
    Hola Galia
    Siento el retraso.
    El relato está bien escrito y se lee bien pero personalmente me falta algo de trama. Quizás si no hubiéramos sabido desde un principio adónde iban hubiera sido mejor, habrías jugado con la herramienta del misterio del viaje y la de la sorpresa final tanto para la niña como para el lector, de encontrarnos en la casa de Neruda.
    Espero haberte ayudado con la aportación.
    Saludos
    Escrito el 19 febrero 2018 a las 14:50
  12. 12. Dino dice:
    Hola Galia, tremendo relato el tuyo. Muy bien ambientado el viaje del niño. Por medio de tus palabras resulta fácil sentir lo que siente el protagonista y la ambientación y el ritmo se llevan de lo mejor. Saludos,
    Escrito el 19 febrero 2018 a las 19:48
  13. 13. yolareina dice:
    Hola Galia, Gracias por comentar mi relato, del tuyo te comento que recreas muy bien el ambiente, no sé por qué me pareció que había mucho viento en el jardín y que el día estaba nublado, Nada cosas que suceden cuando uno se adentra en una buena lectura. Yo no soy buena atrapando gazapos, suerte que hay compañeros que si lo son y nos ayudan con sus conocimientos. Solo decirte gracias por las emociones transmitidas.
    saludos
    Escrito el 21 febrero 2018 a las 14:35
  14. 14. Osvaldo Vela dice:
    Hola Galia, gracias por tu fortuita visita a mi texto. Nada mejor que los buenos deseos de los compañeros para querer conservar el taller.
    En cuanto a tu texto, acumulo imagenes de otros comentaristas: cuanta emoción, que alma tan pura la del niño, que reconocimiento a un gran poeta,parece una biografía, que descripción de la casa de Neruda, impecable relato y excelente homenaje, muy conmovedor, tiene ritmo y está bellamente escrito, tremendo relato el tuyo, recreas muy bien el ambiente y para cerrar con broche de oro. “Adiós Poeta, adiós Don Pablo”.
    Te felicito.
    15. Ane dice:
    Muy bonito Galia, es todo sentimiento. Transmites muy bien el ambiente mágico que envuelve a Isla Negra. Seguro que es un excelente lugar para perderse.
    Saludos, y agradezco tu visita.

miércoles, 24 de enero de 2018

Como parido dos veces

Humberto nació en Jujuy, provincia del norte argentino, limítrofe con Bolivia. Tierra de montañas y quebradas no le dio, durante su infancia, la posibilidad de visualizar el mar.
Cuando cumplió dieciocho años fue de viaje de estudios a Mar del Plata; allí se enamoró de ese mar amarronado con playas doradas.
De noche, cuando sus compañeros iban a bailar a las diversas discotecas, él se quedaba solo, a orillas del mar, lo olía, lo tocaba, escuchaba su murmullo.
Tantas noches en comunión marítima lo llevaron a tomar una decisión: sería marinero.
Se alistó en la Escuela Naval y este fue el inicio de una vida plena. La única nube que aparecía en el horizonte eran los 2000 km que lo separaban de su familia y la añoranza de las largas conversaciones que tenía con su madre con quien los unía una relación muy estrecha pues él era el primogénito.
Así, comenzó a recorrer los mares, a realizar tareas de rastrillaje, a vivir el mar.
En una oportunidad, estando en Puerto Madryn, decidió tomar clases de buceo.
Se sumergió en las profundidades de esas aguas azules y se deslumbró con la visión de la fauna y flora marina. Se le despertó, el deseo de ser submarinista.
El haber vivido toda su infancia entre montañas le había dado a su carácter una impronta especial, era reservado y le gustaba permanecer en lugares cerrados.
Sus ojos siempre habían tenido el límite de la montaña incrustada en el horizonte y la permanencia en el submarino, lejos de provocarle sensación de encierro, le transmitía protección.
Amaba el mar y sumergirse en él era como entrar en éxtasis con el objeto de su pasión.
La última misión los había involucrado en la persecusión de barcos pesqueros extranjeros. Cuando se alistaban para partir, un llamado en el celular de Humberto lo alertaba que su progenitora había sufrido un infarto.
No lo pensó dos veces, pidió autorización y corrió a sacar pasaje para viajar a Jujuy.
Alcanzó a regresar al puerto en el momento en que el submarino partía para desaparecer para siempre. Esta vez el marinero no subió al barco.
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8 comentarios

  1.  Héctor Romero dice:
    Siempre es un placer leerte Galia. Un bonito relato, con esencia. Felicidades de parte del Literauta 127.
    Escrito el 17 enero 2018 a las 18:06
  2.  beba dice:
    Muy buena historia que incluye un doloroso suceso cercano. Excelente relato. Inesperado desenlace que incluye la frase obligatoria.Muy buena escritura.
    Escrito el 17 enero 2018 a las 23:49
  3.  yolareina dice:
    Hola Galia, primero darte las gracias por comentar mi relato. Muy bonita tu historia y un tema muy actual, suerte para este marinero que no subió.
    Escrito el 18 enero 2018 a las 16:44
  4. Piquillín dice:
    Hola Galia: Genial, pensé en escribir sobre el tema, pero me decidí por algo más romántico. Yo en el último párrafo hubiera puesto una referencia más directo para los desprevenidos; pero ésto es algo que hubiera hecho yo. Fue un placer leerte. Si podés pasate por mi historia estoy casi al final. Piquillín.
    Escrito el 18 enero 2018 a las 17:10
  5. Carmen Ramacciotti dice:
    Hola Galia. Estremecedor y brillante relato. Coincido con Yolareina, suerte que este marinero no subió.
    Te seguiré leyendo en la próxima.
    Escrito el 22 enero 2018 a las 13:28
  6. Hola Galia,
    Me gustó mucho tu relato. Gracias por tu visita al mío. Saludos.
    Escrito el 22 enero 2018 a las 16:03
  7. Otilia dice:
    Hola Galia,
    Gracias por leer y comentar.
    Tu relato me ha gustado y es un recordatorio a los desaparecidos en este desgraciado suceso.
    Solo es mi opinión y aunque es correcto no escribiría tan cerca progenitora y primogénito, utilizaría madre. Me pasa lo mismo con “visualizar el mar”, creo que estas palabras quitan fluidez al texto.
    Buen trabajo. Saludos.
    Escrito el 23 enero 2018 a las 11:38
  8. juan nadie dice:
    Hola Galia.
    Me gusta tu relato y creo que toca un tema sensible para tu país y para toda la gente sensible.
    Entrando en la construcción, no se si una coma en la segunda línea antes de ¨no le dio¨ favorecería el texto.
    Un placer leerte
    Escrito el 24 enero 2018 a las 07:2
    9. Ismael Tomas Perez dice:
    1. Hola Galia.
      Como siempre, disfruto leyéndote. Has desarrollado un tema desgraciado muy actual, y que no debemos olvidar, como casi no se recuerda ya el mismo accidente de un submarino ruso hace tiempo. Muy bien redactado y llega a emocionar. Un abrazo
      Escrito el 25 enero 2018 a las 15:14
      10. Osvaldo Vela dice:
      Hola Galia, te felicito por tu relato. me gustaron los primeros dos párrafos: ambos por lo corto de su extensión y lo mucho que comunican. En el primero describes su lugar de origen, y en el segundo su enamoramiento del mar: algo muy cerca del sentir de mi personaje narrador en el 157.
      Estos dos arraigos tan profundo a dos lugares tan alejados el uno del otro, lo llevan a una decisión de vida. Esta, la manejas muy bien. Y el haber decidido poer su madre hace a tu relato mas grande.
      te felicito y nos leemos.

miércoles, 10 de enero de 2018

Atrapada en otras redes









Le gustaba trepar con calma. Casi se diría que disfrutaba midiendo palmo a palmo cada centímetro de pared. El vértice del techo era el espacio ideal para tejer su telaraña. Pero unos ojos escudriñaban su deambular y oscilaban entre su renegrido andar y un zapato puntiagudo que descansaba en en el suelo...
Cuando llegó a la meta, sintió un fuerte zumbido y la distracción la tiró sobre la baldosa.
El zapato, en brusca caída siguió su periplo, cayó encima y la aplastó.
El destino había tejido una red diferente.

1er Premio en el III Concurso “Al calor de la risa” de Letras como Espada, Toledo, enero de 2018.-

domingo, 24 de diciembre de 2017

Cuarenta y cuatro


La próxima sería una Navidad diferente.
Como lo venía haciendo desde los últimos quince días, se levantó ni bien apuntó el alba, se calzó sus sandalias, subió a la motocicleta y partió al puerto.
A lo lejos, se divisaba la silueta del barco inglés, otrora en ese mismo mar librando una guerra, ahora colaborando en el rescate.
A mediodía, el vocero naval descartó encontrarlos con vida.
Sí, esta sería una Navidad diferente, ella llorando en la orilla del mar, él, junto a cuarenta y tres compañeros, desaparecido en sus profundidades.


10 comentarios

  1. 1. Laura dice:
    Hola Galia.
    Yo también pensé en escribir sobre los cuarenta y cuatro submarinistas, pero preferí dejarlo.
    Con respecto a lo formal, utilizaría un un punto y un punto y coma en la última oración: Sí, esta sería una Navidad diferente. Ella, llorando en la orilla del mar; él, junto a cuarenta y tres compañeros, desaparecido en sus profundidades.
    Felicitaciones.
    Felices fiestas y exitoso 2018.
    Escrito el 18 diciembre 2017 a las 10:40
  2.  Carmen Ramacciotti dice:
    Hola Galia. Un texto muy emotivo. Ella,representa a todos los argentinos que esta Navidad, acompañaremos con nuestros rezos a las 44 familias de los submarinistas.
    Me gustó tu texto.
    Felices fiestas.
    Escrito el 18 diciembre 2017 a las 13:41
  3. 3. Clau dice:
    Hola, un relato triste que es una muestra de esa realidad argentina, con respecto a lo formal coincido con Laura con respecto al uso de punto, punto y coma
    Felices fiestas
    Escrito el 18 diciembre 2017 a las 16:18
  4. Blue Flamingo dice:
    Muy buenas, Galia:
    Tal y como se ha comentado (buen aporte, Laura), estoy de acuerdo con el uso de los punto y coma. Además, no entiendo muy bien eso de “le levantó ni bien apuntó el alba”. Quizás es una expresión que yo desconozco…
    El resto muy bien. Me ha gustado. Muy buen tema y microrrelato.
    ¡Un saludo!
    Microrrelato 53. Nómada Azul.
    Escrito el 18 diciembre 2017 a las 20:08
  5.  Roster dice:
    Una muy diferente Navidad, presentas a la protagonista en la espera y nos trasmites su angustia.Sencillo pero dificil, me ha gustado.
    Por criticar un poco cambiaría “partió al puerto” por ” fue al puerto”. Lo de “partió” chirría un poco”
    ¡Feliz año!
    Escrito el 18 diciembre 2017 a las 22:07
  6.  Héctor Romero dice:
    Me gusta cuando se aprovecha un espacio como este para honrar u homenajear. No insistiré en observaciones que ya te han apuntado. Me ha gustado mucho.Galia te deseo desde ya Feliz Navidad. Vecino 182
    Escrito el 19 diciembre 2017 a las 01:47
  7.  Ezequiel dice:
    Galia,hermoso.
    Debido a que soy Argentino me costo leerlo completo sin que me caiga una lagrima y se me hace imposible buscarle un defecto.Saludos y que tengas una hermosa navidad.
    Escrito el 19 diciembre 2017 a las 03:21
  8.  Maureen dice:
    Hola, Galia.
    Me ha gustado mucho tu historia. Es muy triste, y más al estar basada en un hecho real.
    Creo que has reflejado muy bien la espera de la mujer; el cambio en su vida, casi inconsciente pero que ya se ha convertido en una rutina (ir al puerto todos los días), la concordia entre países una vez en guerra al mencionar el barco inglés. Perfecto.
    En lo formal, un par de detalles: yo quitaría la coma tras “a lo lejos”, y en la última frase usaría puntos y coma en lugar de comas: “Sí, esta sería una Navidad diferente; ella llorando en la orilla del mar; él, junto a cuarenta y tres compañeros, desaparecido en sus profundidades.”
    Has rendido un bonito homenaje a esos cuarenta y cuatro hombres, enhorabuena y gracias.
    Escrito el 19 diciembre 2017 a las 10:36
  9.  Ing.Lucas dice:
    Hola Galia.
    Sin palabras, llegaste a captar en pocas palabras algo tan triste.
    Que tengas una feliz Navidad.
    Saludos.
    Escrito el 20 diciembre 2017 a las 03:54
  10.  María Jesús dice:
    Hola: Precioso homenaje a una tragedia que ha impactado a todo el mundo. Escrito con mucha sensibilidad.
    Un saludo.
    Escrito el 21 diciembre 2017 a las 13:01