sábado, 28 de marzo de 2026


Cromañón

 

Cuando el periodista le preguntó a quién quería abrazar, le respondió: “al adolescente que fui cuando tenía quince años”.

Esa edad tenía Juan cuando fue al recital del grupo de rock Callejeros en el boliche República de Cromañón en Once.

Corría el mes de diciembre de 1994, penúltimo día del año y había que despedirlo.

 Programó con sus tres amigos más íntimos del secundario y partió rumbo a tener una noche de éxtasis. Nunca pensó que la misma se convertiría en tragedia ni que sería el único sobreviviente del grupo.

   Una bengala encendida por un fanático de la banda, una chispa que incendió inmediatamente el techo, un humo que hacía el lugar irrespirable y como corolario, las puertas de salida cerradas con llave para evitar el ingreso de gente sin entrada. Un cóctel perfecto.

Los gritos suplantaron la música, la desesperación era esta vez la que hacía vibrar el estadio. Por fuera el desconcierto, corridas, frustración, empujones y golpes para tirar las puertas, todo en vano. La muerte ya había dicho presente y había empezado a cobrar sus víctimas.

Ciento noventa y cuatro jóvenes muertos y más de mil cuatrocientos heridos.

Después vinieron las culpas, los peritajes, las prohibiciones y destitución del jefe comunal. Pero los que se fueron, nunca más volvieron, los corazones de luto siguieron palpitando angustia y el año se despidió con tragedia que no con alegría.

Y ahí estaba Juan, respondiendo el reportaje treinta un años después del fatídico día, queriendo abrazar a ese adolescente que vio partir a sus amigos y quedó con una herida en su alma que no cicatrizaría jamás.

 En la mesa de luz, un portarretrato con los cuatro amigos riendo, da un marco de tristeza a una charla que surgió a manera de homenaje.

 

 

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