viernes, 26 de octubre de 2018

El primer estornudo


Todo el mundo era feliz hasta que uno de ellos estornudó. No conocían el estornudo, no sabían lo que significaba.Vivían en un estado natural, en un hábitat de clima estable, cálido, que les permitía permanecer desnudos, no conocían las vestimentas.
Se comunicaban por señas, no conocían la palabra.
Todos se amaban y se mimaban, no conocían el odio.
Se alimentaban de frutos y verduras que abundaban en ese vergel, no conocían el hambre.
No había jefes y subordinados, no conocían el poder.
Y así, entre tantas cosas desconocidas, surgió el primer estornudo.
Al principio les causó gracia y ríeron a carcajadas pero la reiteración y el contagio dejaron atrás la diversión y apareció un nuevo sentimiento: el miedo, que no conocían.
A los estornudos iniciales se sumó una erupción cutánea y un aumento de la temperatura corporal. Empezaron a sentir frío y dolor, sensaciones que tampoco conocían.
Sus rostos iban perdiendo la semblanza de seres felices, se volvieron imágenes sufrientes y las sonrisas mutaron a muecas de desagrado.
Se juntaron frente a la fogata a deliberar pero les faltaba la palabra para racionalizar lo que les estaba pasando.
El estado de gracia primigenio se les convirtió en una pesada piedra que los conducía al abismo.
Permanecieron horas junto al fuego, temblando, abrazados para cobijarse, rasgando la piel con sus largas uñas para arrancarse las manchas rojizas.
Así quedaron, una triste pintura de una situación que desconocían.
El telón cayó. Los alumnos conmovidos aceptaron vacunarse contra el sarampión y el auditorium estalló en aplausos.

11 comentarios

  1. 1. pepe dice:
    Hola Galia.
    Muy buen relato. Me enganchó desde ese inicio tan intrigante y el resto fue puro hipnotismo hasta ese inesperado final, y es que me estaba imaginando algo totalmente distinto.
    Quizá, y por decir algo, puesto que aún te quedaban palabras que gastar, hubiera preparado la última frase (los alumnos…) ya que, a mi parecer, aparece un poco abrupta, pero bueno, sólo es querer rizar el rizo.
    Felicidades por este gran relato.
    Nos leemos!!!
    Escrito el 17 octubre 2018 a las 21:18
  2. 2. Esmeralda dice:
    Hola Galia!
    Qué final ocurrente e inesperado!
    Cuánta facilidad posees para montar un escenario de habitantes originarios y encima con un cuadro alérgico que los contagia a todos.
    Muy bien logrado!
    Me pareció entretenido y con final muy divertido.
    Saludos.
    Escrito el 18 octubre 2018 a las 21:15
  3. 3. Carmen Ramarama dice:
    Hola Galia. Me encantó tu relato. Muy didáctico. Hasta motiva a tomarlo de inspiración para tantas enseñanzas y tomas de conciencia que intentamos lograr a nuestro alrededor.
    Felicitaciones.
    Nos seguimos leyendo en la próxima.
    Saludos.
    Escrito el 19 octubre 2018 a las 02:03
  4. 4. De vuelto dice:
    Hola Galia.
    Me sorprendió agradablemente tu relato. La construcción y la ambientación son geniales y el giro es emocionante.
    Mi texto es el #83.
    Escrito el 19 octubre 2018 a las 12:27
  5. 5. Héctor dice:
    Muy bien desarrollado tu relato, te mantiene en la lectura y con un buen final. Un gusto leerte. Literauta 46.
    Escrito el 19 octubre 2018 a las 13:18
  6. 6. Piquillín dice:
    Hola Galia: Gracias por pasar por mi relato. Tu relato me pareció muy entretenido. Tiene ritmo, te atrapa y te mantiene atenta hasta el final. Nos leemos en la próxima.
    Escrito el 20 octubre 2018 a las 16:50
  7. 7. IreneR dice:
    Buenas, Galia.
    Un relato muy bien escrito y llevado. Me gustó mucho ese giro final, aunque, dado que te quedaban bastantes palabras, igual podrías haberlo desarrollado un poco más, a mi parecer queda un poco rápido y precipitado.
    Buen trabajo. Nos leemos.
    Un saludo.
    Escrito el 20 octubre 2018 a las 17:33
  8. 8. Olivia dice:
    Hola Galia:
    Me ha encantado tu relato. Tiene ritmo y fluye muy bien, aunque quizás hubiera estado bien explicar de dónde vino ese primer estornudo, pero aún así, es genial. El final, espectacular. Me encantan los giros inesperados y está muy bien agregado.
    Felicidades!
    Escrito el 20 octubre 2018 a las 23:06
  9. 9. Doralú dice:
    Hola Galia,
    Me ha gustado to relato, me atrapó desde el inicio. Esta bien estructurado, se lee con fluidez y facil entender el mensaje.
    Un abrazo
    Escrito el 21 octubre 2018 a las 03:05
  10. 10. Lavanda dice:
    Hola Galia:
    Es un placer leer este relato. En breves palabras describes la vida en un paraíso. Y sutilmente con un estornudo, fue cambiando ese mundo ideal para convertirlo en “…Una piedra que los conducía al abismo…”
    El final estuvo muy bueno, no me lo esperaba así.
    Te sigo leyendo, Galia. Aprendo mucho en este espacio tan rico.
    Saludos
    Escrito el 22 octubre 2018 a las 13:03
  11. 11. Laura dice:
    Hola Galia.
    Un placer leerte,con un final màs que inesperado.
    Mis saludos
    Escrito el 23 octubre 2018 a las 11:07

viernes, 28 de septiembre de 2018

Refugio de girasoles

Me confinaron en un cuarto pequeño, de paredes blancas y húmedas. La lamparilla apenas alumbraba. De la noche a la mañana me había convertido en un prisionero de guerra.
Observé los frascos de pintura olvidados quizás por alguien que ya no vivía. Recordé a Kandinski y aquellos murales que lo ayudaron a evadirse del campo de exterminio, ¿Qué otra cosa era mi celda sino un habitáculo de exterminio de mi alma, de mi esencia humana? Pero no me iba a dejar atrapar, no.
Tomé las pinturas, tracé un camino infinito, lo rodeé de girasoles, brillantes girasoles, sóloel cielo conservó los colores de mi espíritu turbado. Pinté con fuerza, con rabia, casi diría con desesperación. Terminé la obra, la observé fijamente, cerré los ojos y entré.
El aire fresco matinal me golpeó la cara.
No quise mirar atrás, la consigna era correr, correr fuerte entre los girasoles.
El cielo me atormentaba con esas nubes oscuras que se movían en torbellino, pero intentaba ignorarlo, sólo miraba hacia adelante, sólo me entrelazaba con esas caras amarillas que peinaban pétalos de oro.
Corrí, corrí y seguí corriendo.
A lo lejos, retumbaba la metralla pero a mí esa guerra no me podía alcanzar, no era la mía, no me pertenecía. Estaba seguro que en el sembradío no entrarían balas.
En esa huída hacia la libertad, tropecé con una mina que se ocultaba entre las plantas y con un estruendo ensordecedor y un sacudón, mi espíritu se elevó a los aires, superó el cielo enojado, voló a la libertad mientras mi cuerpo quedó acunado en pétalos de girasoles.

15 comentarios

  1. 1. Norelkis dice:
    ¡Hola!
    La verdad es que al inicio no comprendí con exactitud la pintura del personaje. ¿Pintó girasoles?
    ¿Y por qué se desarrolló la guerra? Recuerdo que hay un país donde el líder se volvió loco y plantó minas por todo el territorio y que hoy en día siguen activas unas cuantas. Por alguna razón creo que es el mismo país de la historia.
    Es muy triste, el personaje estaba en el lugar y momentos equivocados. Me gustó la frase final: “voló a la libertad mientras mi cuerpo quedó acunado en pétalos de girasoles.”
    Tuviste bien en cuenta el factor sorpresa, por lo menos no creí que el protagonista fuera a morir entre girasoles, menos por una mina.
    ¡Saludos desde el 133!
    Escrito el 17 septiembre 2018 a las 20:15
  2. 2. Luis Ponce dice:
    Hola Galia:
    La mezcla de girasoles y trementina (un solvente para la pintura al óleo) parece que causa algún tipo de locura que te obliga a cortarte una oreja o a volar en pedazos por una mina escondida.
    Creo que tienes material para hacer un relato comparativo con la vida de van Gogh.
    Si desarrollas un poco más el proceso de la pintura podrías conseguir algo muy interesante.
    Me gustó leerte.
    Escrito el 18 septiembre 2018 a las 18:20
  3. 3. Otilia dice:
    Hola Galia,
    Gracias por leer y comentar.
    Tu relato me ha parecido poesía, aunque muestra el horror de la guerra.
    Veo que se ha escapado un espacio en “apenasalumbraba”.
    Buen trabajo.
    Saludos.
    Escrito el 19 septiembre 2018 a las 08:57
  4. 4. Patricia dice:
    Hola Galia,
    ¡Qué bonito y qué triste es tu relato al mismo tiempo! Y qué alivio he sentido, metida por completo en tu historia, cuando el protagonista ha terminado de pintar la escena de los girasoles y se ha refugiado en ella. Me ha gustado mucho leerte.
    Un saludo,
    Patricia.
    Escrito el 19 septiembre 2018 a las 11:18
  5. 5. Yoli dice:
    Hola, Galia.
    Gracias por comentar mi relato. El tuyo me ha parecido muy bueno. Esa locura del personaje está muy bien conseguido, no se sabe si fue por la pintura o algo más. Al igual que Norelkis, el final me encanta.
    Te seguiré leyendo.
    Saludos
    Escrito el 19 septiembre 2018 a las 13:05
  6. 6. Piquillin dice:
    Hola Galia: Buenísimo. Me hizo recordar a una peli, creo que era Los Sueños de Kurosawa que se metía en el cuadro de Los Girasoles. La idea de la evasión de la realidad, y una mezcla de mundo fantástico. Bien logrado, lleno de imágenes. Estoy en el 101, si puedes leerme. Gracias!!!
    Escrito el 19 septiembre 2018 a las 17:00
  7. 7. Carmen Ramarama dice:
    Hola Galia. Qué hermoso relato, lleno de poesía, de sensaciones.
    Buenísima la manera que encuentra el personaje de resguardar su espíritu.
    Felicitaciones. Muy conmovedor.
    Escrito el 19 septiembre 2018 a las 20:18
  8. 8. Janna Bolriv dice:
    Galia me ha gustado mucho tu relato.
    Un protagonista prisionero de guerra turbado que termina delirando entre los girasoles de su pintura y luego tiene un trágico final.
    Le otorgas mucha vitalidad agregando muy buenas descripciones y frases poéticas. Además el momento en que el prota se pierde entre la pintura pareciera que tan solo está imaginando que se escapa pero al final das el giro, está muy bien logrado.
    A mi personalmente no me gusta cuando el narrador protagonista muere puesto que me suena muy irreal que nos esté contando la historia alguien ya muerto. Hubiera sido mejor emplear (a mi parecer) un narrador omnisciente tercera persona.
    Felicidades 😀
    Escrito el 20 septiembre 2018 a las 11:58
  9. 9. Janna Bolriv dice:
    Mi relato es el 146 si gustas pasar !!
    Escrito el 20 septiembre 2018 a las 11:59
  10. 10. Violeta dice:
    Hola Galia.
    Muy poético tu relato. Me encantó la imaginación del protagonista al introducirse en el cuadro, para salvarse del horror.
    Finalmente “se muere” en su escape.
    Realmente lindo.
    Saludos desde el 102
    Escrito el 21 septiembre 2018 a las 21:42
  11. 11. JGulbert dice:
    Hola Galia,
    Me ha gustado mucho tu relato con tintes oníricos. Para mí ha sido el intento de escapar de una realidad que persigue al protagonista también en su mundo inventado (ese cielo que sigue gris y no puede cambiar), y al final se libera de la única forma definitiva.
    Ha sido un placer leerte.
    Escrito el 22 septiembre 2018 a las 07:45
  12. 12. María Esther dice:
    Hola Galia, trágico relato contado con giros poéticos e imágenes muy sugerentes.
    Buen lenguaje, cuyo personaje evoluciona con rapidez hacia la locura arrastrado por los horrores de la guerra.
    Muy buena la imagen final.
    Pienso como Janna en cuanto al narrador protagonista, pero, son puntos de vista.
    Saludos.
    Escrito el 23 septiembre 2018 a las 18:52
  13. 13. Violeta dice:
    Hola Galia!
    Cuánta pasión!
    Tienes una manera increíble de transmitir las sensaciones que se suceden en tu cuerpo, corriendo,huyendo.
    Exquisitas metáforas te van adentrando en tal escenario.
    Ingeniosa evasión de la realidad.
    Un final inesperado.
    Triste pero liberador.
    Nos seguimos leyendo.
    Hasta pronto.
    Escrito el 25 septiembre 2018 a las 15:44
  14. 14. yolareina dice:
    Hola Galia, Gracias por tus comentarios a mi relato, el tuyo conmovedor, me hizo recordar una canción “Libre” que cantaba Nino Bravo. No sé si la hallas escuchado alguna vez pero te dejo unos versos.
    Solo veinte años y ya está cansado de soñar
    que tras la frontera está su hogar, su mundo y su ciudad
    piensa que la alambrada solo es un trozo de metal
    algo que nunca puede detener sus ansias de volar…..
    … Iba tan feliz que no escuchó la voz que lo llamó
    de su pecho flores carmesí brotaron sin cesar, libre como el sol cuando amanece yo soy libre, como el mar
    como el ave que escapó de su prisión y puede al fin volar…
    Una canción bellísima, eso me recordó tu relato.
    saludos
    Escrito el 25 septiembre 2018 a las 18:50
  15. 15. Dante dice:
    Galia:
    Antes que nada, gracias por comentar mi relato. Tal como es mi costumbre, agradeceré tu comentario y el de los demás compañeros dentro de la página de mi relato.
    Con respecto a tu relato, quiero decirte que me gustó mucho.
    Me parece un texto muy poderoso. Considerando que el límite del taller es de 750 palabras y que, en general, a todos esto nos complica bastante, destaco que en menos de 300 palabras hayas construido un texto tan sólido y atrayente. Prácticamente, no falta ni sobra nada, y en un primer golpe de vista, no da la impresión de que su extensión sea tan reducida.
    En cuanto a la estructura y a la forma, me parece muy correcto y muy interesante, y el modo en que está redactado revela un vocabulario muy rico, que roza en lo poético y que en no pocas ocasiones, cumple con el “mandato de Chejov” de mostrar en lugar de contar.
    El contenido también es muy interesante, y no sé si intencionalmente o no, es un poco esquivo. No queda claro de qué guerra se trata, ni donde habría transcurrido.
    Siguiendo con el contenido, uno de los puntos más destacados y que creo que pueden llamar la atención de los lectores, es la simbiosis entre el mundo real y el mundo construido por el arte, y esa cierta ambigüedad en torno a la muerte y, en particular, a la muerte física. En el fondo, de lo que en verdad trata el relato es de la Libertad con mayúscula y entiendo que contiene una clara y contundente toma de posición acerca de que la Libertad puede ser limitada pero jamás puede ser exterminada del alma de una persona. Cuando hay guerra, y en particular si esta se vincula con dictaduras, totalitarismos o “democracias” invasoras, se producen situaciones en que real o metafóricamente se pisotea la dignidad humana y personas y pueblos son limitados en su libertad física, política o económica. Pero aun quitando la vida, nadie tiene el poder de exterminar la libertad del fuero íntimo, de los valores más íntimos, de los sentimientos y convicciones más profundos ni el sueño de permanente y verdadera Libertad. Creo que el relato refleja esto muy bien.
    Hecha esta valoración general (muy positiva), ahora voy a hacer un análisis del relato en particular. Te aclaro que en ese análisis, utilizaré algunos criterios muy subjetivos (y por lo tanto, muy discutibles) acerca de la puntuación. Considero que la puntuación es, en general, correcta, pero al leer el texto, se me ocurrió que en algunos pasajes, ésta podría ser revisada. En parte, tiene que ver con mi opinión meramente subjetiva, y en parte, con la intención narrativa que creo que tuviste (qué es lo que quisiste contar y cómo hacerlo).
    1.- Con respecto a la oración “De la noche a la mañana me había convertido en un prisionero de guerra.”, te sugeriría evaluar si no sería conveniente separarla de la anterior con un punto y aparte. No me parece decisivo y reconozco que es opinable, pero me parece que resaltaría más la nueva realidad de la que cobra conciencia el prisionero. Sobre todo porque del contexto y sobre todo, del clímax y del final del relato, surge un interesante juego o “coqueteo” entre realidad “real” y realidad “interior” (¿la verdadera?) por mediación del arte.
    2.- En relación a la oración “Observé los frascos de pintura olvidados, quizás por alguien que ya no vivía.”, cuando la leo, siento que produce una cierta incomodidad la coma después de olvidados. Puedo estar equivocado, porque es una apreciación subjetiva, pero me da la sensación de que interrumpe la fluidez de un texto, que, entre sus principales virtudes, posee fluidez narrativa que agiliza la lectura y la torna una experiencia placentera. En su lugar, te propongo “Observé unos frascos de pintura, quizás olvidados por alguien que ya no vivía”, o tal vez “Observé unos frascos de pintura, olvidados por alguien que quizás ya no vivía”. Ciertamente, el sentido del texto puede variar un poco en uno u otro caso. Sin embargo, te sugeriría detenerte en esa coma. Quizás yo esté equivocado. Pero si coincidís con mi apreciación, tendrías que elegir alguna alternativa o reformular la redacción del modo que te parezca más claro y fluido.
    Dentro de ese mismo párrafo, hay un aspecto de contenido que no llego a entender, y te agradecería que me informes al respecto. Hasta dónde sé, Kandinski murió en Francia, de un accidente cerebro vascular. No tengo noticias de que hubiera estado en un campo de exterminio del cuál se hubiera evadido en sentido real o figurado. Pero como no conozco mucho de este pintor, sería bueno que, si tenés datos sobre él, me cuentes un poco sobre eso. Más allá que sirve para comprender mejor tu relato (y por lo tanto, para disfrutarlo más), también sirve para aprender algo nuevo de una época tan rica y en relación a una persona que aportó mucho al arte pictórico del siglo XX.
    3.- Con respecto a la oración “Recordé a Kandinski y aquellos murales que lo ayudaron a evadirse del campo de exterminio y qué otra cosa era mi celda sino un habitáculo de exterminio de mi alma, de mi esencia humana.”, sugeriría revisar la puntuación, a fin de evaluar si no convendría dividir en dos una oración tan larga. A tal efecto, podría utilizarse un punto y seguido después de exterminio o bien, un punto y seguido y luego continuar con signo de interrogación. De todos modos, “qué otra cosa…” es un interrogante, que podrá estar expresado de modo directo (con signos de interrogación) o indirecto (sin los signos). Es decir que si compartieras esta opinión, esta oración quedaría reexpresada así:
    “Recordé a Kandinski y aquellos murales que lo ayudaron a evadirse del campo de exterminio. Y qué otra cosa era mi celda sino un habitáculo de exterminio de mi alma, de mi esencia humana”. O: “Recordé a Kandinski y aquellos murales que lo ayudaron a evadirse del campo de exterminio. ¿Y qué otra cosa era mi celda sino un habitáculo de exterminio de mi alma, de mi esencia humana?”.
    No sé por qué, pero si me dejo llevar por la sonoridad del texto, se me hace que esta segunda opción se acerca mucho más al tono intimista de tu relato y lo realza. Sin embargo, admito que esto es una opinión subjetiva e incluso más vinculada con la percepción que con un fundamento racional.
    4.- En lo concerniente a la oración “Tomé las pinturas, tracé un camino infinito, lo rodeé de girasoles, brillantes girasoles pero el cielo conservó los colores de mi espíritu turbado.”, considero que sería conveniente revisar la puntuación. La puntuación no es incorrecta, pero la oración queda demasiado larga y, además, hay un pero que está muy próximo a otro utilizado en la última oración del párrafo anterior. Por lo tanto, se podría reelaborar la oración, dividiéndola en dos y eliminando el “pero”. De aceptar esta sugerencia, y con alguna pequeña variación las oraciones quedarían más o menos así:
    “Tomé las pinturas, tracé un camino infinito y lo rodeé de girasoles, brillantes girasoles. En cambio, el cielo conservó los colores de mi espíritu turbado”.
    5.- En relación a la oración que dice “El cielo me atormentaba con esas nubes oscuras que se movían en torbellino, pero intentaba ignorarlo, sólo miraba hacia adelante, sólo me entrelazaba con esas caras amarillas que peinaban pétalos de oro.”, creo que también sería conveniente dividirla, colocando algunos puntos y seguido. Por lo tanto, quedaría más o menos así: “El cielo me atormentaba con esas nubes oscuras que se movían en torbellino. Intentaba ignorarlo. Únicamente miraba hacia adelante, solo me entrelazaba con esas caras amarillas que peinaban pétalos de oro.” Quizás para evitar la reiteración “solo – solo” o “únicamente – solo”, que son palabras similares, podrías cambiar “solo me entrelazaba” por “entrelazándome”. Aunque es una opinión meramente subjetiva, estimo que esto mejoraría la sonoridad de este párrafo e iría en la línea de la fluidez narrativa que le imprimiste al texto.
    6.- En la oración “A lo lejos, retumbaba la metralla pero a mí esa guerra no me podía alcanzar”, te sugiero revisar la puntuación, y, acaso, su formulación.
    O bien sería conveniente colocar una coma después de metralla y suprimir la otra después de “lejos”, o bien podría reformularse un poco la oración y separarla en dos.
    En el primer caso, podría quedar así: “A lo lejos retumbaba la metralla, pero a mí esa guerra no me podía alcanzar”. Y en el segundo, quedaría más o menos de esta manera: “La metralla retumbaba a lo lejos. Pero a mí, esa guerra no me podía alcanzar/Pero esa guerra no podía alcanzarme”.
    7.- En relación a la oración “Estaba seguro que en el sembradío no entrarían balas.”, creo que lo correcto sería “Estaba seguro de que en el sembradío no entrarían las balas” Decir “estaba seguro que” sería un queísmo, dado que si se realizara la pregunta (que contribuye a despejar la duda), ésta se formularía: “¿De qué estaba seguro el personaje?” Entonces, esto nos revela que lo correcto sería “de que” en lugar de “que”.
    8.- Con respecto al párrafo final, considero que después de la palabra “plantas” debería ir una coma o un punto y seguido, luego de “enojado,” sería conveniente poner una “y”, y después de “voló hacia la libertad”, sería conveniente colocar una coma. Con lo cual, quedaría así:
    “En esa huida hacia la libertad, tropecé con una mina que se ocultaba entre las plantas, y con un estruendo ensordecedor y un sacudón, mi espíritu se elevó a los aires, superó el cielo enojado y voló a la libertad, mientras mi cuerpo quedó acunado en pétalos de girasoles.” O bien: “En esa huída hacia la libertad, tropecé con una mina que se ocultaba entre las plantas. Y con un estruendo ensordecedor y un sacudón, mi espíritu se elevó a los aires, superó el cielo enojado y voló a la libertad, mientras mi cuerpo quedó acunado en pétalos de girasoles.
    Sin perjuicio de ello, te sugeriría revisar parcialmente la redacción de este párrafo, ya que la palabra libertad aparece dos veces (“huida hacia la libertad” y “voló hacia la libertad”).
    En conclusión, es un relato muy interesante y bien escrito, con un rico vocabulario cercano a lo poético, que “fluye” al leerlo y que utiliza sutiles mecanismos y metáforas acerca de la realidad y la libertad. Es sólido en estructura y las consideraciones formales que pueden realizarse, son mayormente subjetivas y en caso de ser acertadas, no hacen más que confirmar las fortalezas del propio relato, porque van orientadas a darle aun mayor fluidez de la que tiene.
    Me gustó mucho tu relato y espero seguir leyéndote.
    Saludos.
    Escrito el 26 septiembre 2018 a las 01:55

martes, 25 de septiembre de 2018

Extraña Inauguración



Extraña inauguración

Cuando estuve sola, con los últimos atisbos de memoria, recordé ese día...
La semana se había vestido de fiesta, eran la patronales de Mendiolaza. El pueblo, ahora ciudad, bullía en eclécticos festejos.
A mí me había tocado cubrir la inauguración de la Oficina de Correo. Autoridades y
vecinos participaron del acto.
Cuando llegué, me llamó la atención la cantidad de ancianos que conformaban la comitiva. Estaba Etelvina, la primera empleada de la estafeta en los años sesenta. La acompañaban sus hermanos, dos viejecitos pequeños que junto a ella conformaban un simpático trío.
El cura párroco de ochenta y nueve años dio la bendición.
Cuando habló el prefecto, me pareció verlo más avejentado a pesar de sus cincuenta años, pero pensé que era idea mía.
Así, me entretuve sacando fotos y cuando el acto culminó, quise regresar a mi auto pero sentí dificultad para caminar.
Giré la cabeza y vi a mi compañero convertido en un viejecito, sin dientes, apoyado en una silla.
Busqué las fotos en la cámara pero todo apareció matizado con un tinte sepia, los rostros de los presentes surcados por arrugas y sólo viejos y más viejos, ningún joven.
Levanté la vista y con ojos nublados divisé el cartel del Correo que pendía destartalado.





lunes, 3 de septiembre de 2018

La Náusea



Me acerqué a la cabaña en ruinas y me volvió la náusea, esa sensación que me había acompañado tanto tiempo y que superé cuando partí al exterior.
Y ahora, al observar la puerta astillada, el techo con tejas rotas y la persiana colgando comprendí que el mismo despojo sufrió mi alma esos desventurados años.
A los seis, perdí a mi madre y mi padre decidió dejarme al cuidado de mi madrina. Él era marino y permanecía más tiempo en el mar que en tierra, no podía hacerse cargo de una niña.
Mi madrina siempre había sentido celos de mi madre y tenerme a su cargo era como haber conseguido un trofeo.
En mi adolescencia descubriría que en realidad ella había estado enamorada de mi padre. Se regodeaba de esta herencia, o sea, conmigo, y me exhibía como una presa de caza.
La gente alababa su espíritu caritativo pero puertas adentro la situación difería bastante de lo que veían los demás.
Era muy rigurosa, me obligaba a tender mi cama y a lavar los platos; a medida que me fui haciendo más grande, mayores fueron mis responsabilidades.
No tenía amigas, ella no lo permitía y el único contacto con otras personas eran las horas que pasaba en la escuela a la que ella me destinó.
Atrás habían quedado mis amigas de infancia, mis compañeros del jardín, mis vecinas con las que correteábamos las siestas estivales.
Llegaba a la cama extenuada, sin el beso de las buenas noches al que me había acostumbrado mi madre y entonces, aparecía ella, la náusea.
Hacía arcadas hasta que dolía la garganta, el pecho y también la panza.
Me ahogaba y me agitaba y mi desesperación se desvanecía en la mirada fija del gato acurrucado en el extremo de mi habitación.
Mi madrina me oía pero no acudía a socorrerme, todo lo contrario, si hasta me parecía que disfrutaba escuchándome.
A veces, con sollozos invocaba a mi madre y desde la otra habitación una voz de trueno me gritaba: — ¡calla ya, niña!— .
Las visitas esporádicas de mi padre eran breves y no daba tiempo para comprender lo que me pasaba.
Y así crecí, entre vómitos y llanto, entre la soledad y el abandono.
Llegué a la adolescencia, sin alegría, plena de rencor, vomitando rabia.
Conocí a Julio en el cumpleaños de una compañera. Mi madrina me dejó concurrir porque era la hija de su íntima amiga.
Yo estaba retraída, mirando pasar las horas detrás de la ventana y una voz gruesa me preguntó: — ¿qué piensa la princesa?— .
Me sobresalté y empecé a hacer arcadas, pero él, en lugar de amilanarse, me alcanzó agua y me instó a beberla mientras sostenía con mano firme mi brazo.
Después, me tomó de la mano y me invitó a caminar por el jardín.
Allí, una vorágine de palabras brotaron de mi boca y en una hora que fue eterna volqué la historia de mi existencia.
Simuló no conmoverse pero me empezó a esperar a la salida de la escuela. Su presencia cotidana me fue dando mayor confianza.
Culminé el bachillerato y por cierto invité a Julio a mi fiesta de egresados. Mi madrina se opuso pero ya lo había hecho y él había aceptado.
Esa noche, no me destaqué por mi vestimenta, se diría que era la más pobretona de la fiesta, pero irradiaba una luz especial que me nacía de contar con la presencia de mi padre y de Julio.
Cuando se inició el baile, los adultos se retiraron y allí pude dar rienda suelta a mi alegría tras el largo período de opresión y sometimiento pero aún desconocía el regalo que me esperaba al final de la velada. Julio había ganado una beca para continuar sus estudios de postgrado en Francia y había sacado pasaje para que lo acompañara.
No lo pensé dos veces...
Cuando me avisaron de la inundación y me mencionaron a mi madrina entre las víctimas fatales, decidí regresar para sepultar junto a ella, de manera definitiva, esa etapa oscura de mi vida y la náusea de mi garganta.


jueves, 23 de agosto de 2018

Una compra frustrada

Había cobrado su primer sueldo y una imagen vino inmediatamente a su mente: la tienda de sombreros de las Galerías Lafayette.
Elisetta siempre admiró la elegancia, el garbo, pero una ajustada situación económica en la casa de sus padres le había impedido gozar de lujos.
Coleccionaba fotos de actrices de cine y todas tenían un denominador común: los diferentes sombreros que las mismas portaban. ¡Cómo le atraían, cómo los deseaba!
Por eso, cuando ingresó a trabajar en la entidad bancaria se prometió comprarse uno o dos con parte del salario.
Ingresó a la tienda de sombreros y la cantidad y variedad que allí se exponían, la dejaron boquiabierta.
Seleccionó seis y se dirigió al probador para empezar la fiesta, probarse todos e imaginar un personaje de película con cada uno.
Mientras lo hacía, observó debajo de la butaca un bulto, al que en principio decidió ignorar. Desfilaron así, por su cabeza sombreros rojos, azul francia, verdes, de satén algunos con detalles de tules, de felpa otros, capelinas y boinas.
Pero la intriga le hacía dirigir su mirada bajo la banqueta hasta que la venció, tomó impulso y se agachó para observarla.
Grande fue su sorpresa al ver la mochila oculta en el lugar. La quiso empujar con el pie pero recordó los consejos de seguridad que permanentemente emitían en los espacios públicos y salió presurosa a comunicar el hallazgo a los guardias.
Éstos alejaron a los clientes de los probadores, detectaron si contenía explosivos y luego procedieron a revisarla.
Encontraron en su interior un buzo, una billetera con euros y un pasaporte escrito en árabe.
Acto seguido, los guardias convocaron a Elisetta quien había sido la protagonista del hallazgo y le mostraron el contenido para que lo corroborara y pudiera refrendar el acta. Elisetta pidió ver el pasaporte y grande fue su sorpresa cuando descubrió que la foto se correspondía con el rostro de Roberto, su anterior novio quien había desaparecido de su vida de un día para otro, sin dar mayores explicaciones.
Aunque no le cabía dudas de que era él, los caracteres en árabe le generaban un atisbo de duda. Comentó ésto a los guardias quienes dieron otro giro al descubrimiento y lo enviaron al departamento de seguridad que investiga los hechos criminales y los relacionados con el terrorismo.
La cabeza de Elisetta, ya sin sombreros, era un laberinto de perplejidades: ¿porqué Roberto había desaparecido de una manera tan abrupta?, ¿porqué ya no frecuentaba los lugares habituales?, ¿porqué no había dejado huellas?; todos interrogantes, que quizás el azar ahora le permitiría responder.
Roberto era un idealista que soñaba con cambiar el mundo, disminuir la brecha entre ricos y pobres pero en él, había otro costado más belicoso y revolucionario y hasta se diría más salvaje. Un día admitió que si debía matar para lograr sus objetivos, no le temblaría el pulso.
Eran dos polos opuestos pero se amaban. Él siempre le echaba en cara sus actitudes burguesas pero había entre ambos una intensa pasión que en la cama tiraba por tierra prejuicios y diferencias.
Su desaparición, la había dejado devastada y el horizonte luminoso que soñaba alcanzar de su mano, se había ensombrecido con nubarrones de angustia.
El flamante trabajo vino a mitigar un poco la desazón que le embargaba y esa compulsión a comprar ayudaba a levantar su autoestima que había quedado por el suelo con el abandono.
Tras lo ocurrido, la compra que pensaba realizar quedó en suspenso; los días siguientes fueron sumando horas de tensión, de una densa espera que quizás le develara el misterio. Temía escuchar algo que no deseaba, temblaba al pensar que Roberto hubiera decidido tomar el camino de la radicalización, quería saber y quería ignorar, y lamentaba sus pasos que la condujeron al ansiado comercio.
Varios meses debieron transcurrir para conocer la verdad: efectivamente Roberto había sido captado por un grupo de terroristas y el día que dejó la mochila planeaba realizar un atentado en la mencionada Galería pero su actitud despertó sospechas por lo que se ocultó en la tienda de sombreros, dejó la mochila con su identificación y desapareció entre la muchedumbre. Cámaras de seguridad demostraron su derrotero. Así, al observarlas, Elisetta sintió con alivio que se había sacado una pesada carga de su vida y de algo estuvo segura, no había sido ella la culpable de ese final abrupto.
Roberto pasó a la clandestinidad y era el prófugo más buscado; Elisetta, seguía pensando en comprar sombreros.

  Comentarios

  1. 1. Otilia dice:
    Hola Galia,
    Gracias por leer y comentar.
    Tu historia me ha gustado y es muy actual.
    Tienes por ahí unas “erres” que se han cogido vacaciones: Encontraron y derrotero.
    Quizás, cuando, al comienzo, defines a Elisetta, yo hubiera dicho que tenía baja la autoestima por abandono de la pareja. Solo es mi opinión.
    Nos leemos. Saludos.
    Escrito el 19 agosto 2018 a las 09:42
  2. 2. Carlos Ferreras dice:
    Hola Galia.
    Me gusta como tú historia se va desarrollando y toma derroteros : ) inesperados. El lenguaje es limpio y fácil de leer. Quizás se beneficiaría de algún recurso (no se cual) para variar un poco el ritmo de la narración.
    Estoy dos relatos más arriba por si quieres leerme y comentar.
    Un saludo y nos leemos en la próxima.
    Escrito el 19 agosto 2018 a las 09:52
  3. 3. María Esther dice:
    Hola Galia, intersante tu historia, me recuerda cuando cobré mi primer sueldo, que gasté un tercio comprando todo lo referente al maquillaje, ja ja.
    Me gustó porque toca un tema muy actual, aunque sea de soslayo,pero despierta interés.
    Saludos, estoy en el 98, si deseas pasar.
    Escrito el 19 agosto 2018 a las 14:40
  4. 4. Carmen Ramarama dice:
    Hola Galia.
    Gracias por comentar mi texto.
    El tuyo me ha encantado, muy ágil y con una pintura clara de la situación. Además de un escenario muy actual.
    A veces los correctores no juegan una mala pasada ( lo digo por derrotero).
    Nos seguimos leyendo
    Escrito el 19 agosto 2018 a las 19:40
  5. 5. Norelkis dice:
    Bastante buena la verdad, me gustó mucho la historia.
    Quién lo diría, sus ansias de sombreros la ayudaron a desvelar el misterio sobre su novio.
    Escrito el 19 agosto 2018 a las 20:52
  6. 6. Amadeo dice:
    Galia.
    Un muy buen cuento, aunque noto dos conflictos: la no compra de los sombreros y la mochila y posterior historia de Roberto. Creo es mejor desarrollar un solo conflicto y resolución por cuento. En resumnen: encontré dos cuentos bien escritos y fáciles de leer
    Estoy en el 101 por si quieres leerlo y comentar
    Saludos
    Amadeo, Argentina.
    Escrito el 19 agosto 2018 a las 23:23
  7. 7. Piquillin dice:
    Hola Galia: Gracias por comentar mi relato. Parece que la realidad a los argentinos nos está dando mucha tela para cortar. Lo mejor que podemos hacer es inspirarnos y sublimar escribiendo historias.
    Felicitaciones por tu trabajo, me ha gustado.
    Escrito el 20 agosto 2018 a las 18:02
  8. 8. Doralú dice:
    ¡Hola Galia!
    Me ha gustado tu relato. Es de fácil lectura y creó la intriga necesaria para llegar de un solo tirón hasta el final.
    En relación a la forma, presento a tu consideración lo siguiente:
    • En este caso: “Cómo le atraían, cómo los deseaba.” Yo colocaría de esta manera: ¡Cómo le atraían!, ¡Cómo los deseaba! Es solo una opinión.
    • Hay una S coleada en desvastada, cambiar por devastada.
    • Es un texto que después de su debido reposo, pudiera ganar más cuerpo, belleza y ¿por qué no? poesía. Por favor, no malinterpretes mis palabras, no digo que este mal escrito tu relato.
    Un abrazo
    Escrito el 20 agosto 2018 a las 19:54
  9. 9. Amilcar Barça dice:
    Galia, caramba cuanta fantasía, pero no hay duda de que intrigas al lector hasta el final. Quizá debiera haber sido más explosivo: ¡Bounmmmmm! jajajaja. salu2
    Escrito el 20 agosto 2018 a las 22:24
  10. 10. De vuelto dice:
    Aunque tiene un ritmo constante que mantiene la atención, el no definir un solo conflicto confunde al lector.
    Mi relato es el #45
    Escrito el 21 agosto 2018 a las 19:59
  11. Hola Galia
    Una vez mas te leo y como siempre me ha encantado tu historia, desgraciadamente muy actual. Hay una cosa que no veo bien y es cuando dices “era el prófugo mas buscado” debías haber dado a entender que realmente había cometido algún delito, aunque fuera en otro lugar, porque yo creo que si no esta acusado no puede ser prófugo. Es mi opinión.
    Como siempre, Felicidades

miércoles, 1 de agosto de 2018

Del otro lado de la ventana






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Juliano, sentado frente a la ventana mira, sus ojos apenas parpadean, observa las siluetas de su barrio, las horas que pasan, la vida que fluye.
Tres años han pasado desde que dictaminaron su enfermedad y así, poco a poco, se fue transformando.
Siempre se había destacado por sus comentarios sarcásticos que despertaban sonrisas en las reuniones. Era enigmático e inteligente, irónico y punzante.
Vestía con sobriedad y elegancia, su presencia imponía admiración, en fin, era uno de esos seres que no pasaban desapercibidos.
Pero un día, el accidente cerebro vascular torció definitivamente su destino, ya nada volvió a ser como antes y se convirtió en un ser contemplativo y mudo.
Desde entonces, la ventana fue su única conexión con el mundo exterior.
Se pasaba el día sentado frente a ella, y sus ojos profundos eran el objetivo, sus pestañas el disparador.
Al principio fue cobijado por la dedicación de su familia pero esta estatua inexpresiva en lo que se había convertido ahuyentaba amor, expulsaba compañía.
Su aspecto físico también fue mutando a medida que la enfermedad le sumaba barreras y así, su rostro se cubrió con una barba desordenada y su cabello caía enmarañado sobre sus hombros. Con un único atuendo, un pijama marrón que se empecinaba en usar a diario empezó a semejarse más a un simio que al hombre que era.
De esta manera lo vieron un día unos chiquillos que al espiar lo que sucedía detrás de la ventana, lo observaron sentado.
Le hicieron todo tipo de muecas pero el hombre-simio no transmitió ningún gesto.
La ventana dejaba fluir así dos corrientes que se contraponían: curiosidad y algarabía por parte de los niños, inmutabilidad por parte de Juliano. Afuera, todo bullicio, adentro inmovilidad total.
Juliano ya se había acostumbrado a las risotadas burlescas y esperaba expectante el horario de salida del colegio para tener al menos ese contacto humano; sus cuidadores lo trataban como un objeto.
Con los primeros calores del verano finalizaron las clases y la calle perdió el flujo de niños.
El anciano se debía conformar con el espectáculo de los árboles que rebosaban plenitud y detrás, escondida entre las copas, la silueta de la vivienda de su hijo, frente a la suya.
Lo veía salir en el vehículo, y adivinaba su figura y las de sus nietos, escondidas tras lo vidrios polarizados.
Un día, lo sorprendió el grito de los estudiantes. Partirían en excursión y debían tomar el colectivo en la puerta de la vecina escuela.
Su corazón se sobresaltó tanto cuando vio aparecer las conocidas cabezas que una lágrima rodó por sus mejillas.
Desde el otro lado de la ventana alguien gritó: “el gorila llora” y desde ese momento Juliano dejó de ser definitivamente humano.




sábado, 21 de julio de 2018

Aletargamiento


«¿Vejez o soledad?», esa pregunta le quedó flotando a Susana cuando colgó el auricular…
Ramón había enviudado quince años atrás; la partida de Amalia le había dejado profundas huellas de congoja en su corazón que apenas pudieron mitigar el nacimiento de sus nietos.
Al principio eligió alienarse en un laberinto de viajes a mares cálidos y lugares exóticos, pero a su regreso, ahí estaba aguardándolo la casa, con los mismos adornos, igual distribución de los muebles, perfumes familiares. Lo único que modificaba la escena, era una lenta decadencia, que sumaba problemas de salud a los años.
Susana, la amiga íntima de su mujer,  había dejado de verlo un largo tiempo atrás, extrañaba mucho a Amalia e ingresar a la casa de su amiga de infancia le producía dolor y desasosiego pero la llamada de esa tarde, el tono de voz de Ramón y ese parloteo errático, encendieron la alarma y decidió hacerle una visita.
Ya en la vereda de la vieja casona, sintió que se le aceleraba el pulso, recordó tantos momentos vividos todos juntos y ahora le golpeaba la ausencia.
Ingresó por el largo pasillo hasta la casa y aparecieron ante su olfato viejos olores y ante sus ojos antiguas luminosidades.
La puerta se abrió y asomó frente a Susana un Ramón más empequeñecido, con una artrosis acentuada en sus manos pero con una risa que le sonó inmediatamente familiar.
El comedor estaba tal cual como lo recordaba, la larga mesa de algarrobo en el medio, el mueble modular atrás, lleno de portarretratos con la imagen de Amalia, Ramón y sus hijos.
Después de dos horas de hacer un relato de sus vidas, Susana solicitó pasar a los sanitarios, tras lo cual, se dispuso a hacer un paneo de una vivienda que había visitado durante treinta años.
Le llamó la atención que todas las puertas estaban cerradas,
«será para mantener el ambiente cálido» , pensó, pues era un día particularmenbte frío.
Se dirigió hacia el que había sido el dormitorio de Emanuel, el hijo menor, y lo abrió: el cuarto estaba vacío. Lo recorrió con sus ojos y sólo pudo observar paredes descascaradas y una mancha de humedad en el ángulo del techo. Una tenue luz se filtraba por la persiana apenas levantada. El olor de moho le produjo arcadas y se apresuró a cerrar la puerta.
A los otros cuartos no se atrevió a entrar, temía encontrar el mismo cuadro.
Comprendió que Ramón había sido invadido por una tremenda soledad, que no quería revolver el pasado y es más, se había querido despojar del mismo, vaciándolo.
No era sólo vejez lo que trasuntaba su enronquecida voz apagada, la soledad también iba marcando sus cicatrices.


comentarios

  1.  Otilia dice:
    Hola Galia,
    Gracias por leer, comentar y por el recibimiento. Yo también me alegro.
    Tu relato lleno de nostalgia me ha gustado y se lee con fluidez.
    Por aportar algo, diría que la presentación de Susana es un poco abrupta, yo lo daría una vuelta. Es solo mi opinión.
    Nos leemos. Saludos.
    Escrito el 18 julio 2018 a las 17:09
  2. Doralú dice:
    ¡Hola Galia!
    Un gusto volver a leerte. Tome unas mini vacaciones mientras Iria y Tomei estaban de licencia por maternidad.
    Tu relato refleja una cotidianidad para mucha gente. Me ha gustado la manera en que lo plasmaste.
    En cuanto en la forma, solo unas tonterías que voy a comentar:
    -Donde dice ¿vejez o soledad? Y en será para mantener el ambiente cálido: la comilla inicial va unido al texto. (Disculpa que no la escriba, pero no estoy escribiendo desde la compu)
    -su enroquecida voz… ¿Será enronquecida voz? Nada que desmerezca ni cambie tu texto.
    Un abrazo
    Escrito el 19 julio 2018 a las 01:26
  3. Hola Galia. Nos presentas un relato en el cual podemos caer en cualquier momento. Y eso duele….
    salu2
    Escrito el 19 julio 2018 a las 12:01
  4.  Dainyyel dice:
    Muy buen texto, vas al punto y como lo comentan, fluido.
    usas muy bien la ambientación sombría (bueno a mi me parecio asi)
    los errores muy pocos, pero nada grave.
    Saludos y nos leemos.
    Escrito el 19 julio 2018 a las 17:02
  5.  Piquillin dice:
    Hola Galia: Me gustó tu relato, sobre todo como describe los sentimientos del viudo. Me confundí un poco en la primera frase, no me quedó claro quien se quedó con la pregunta. Tuve que leer un par de veces la parte de Susana. Acuerdo con lo que dice Otilia,a la presencia de Susana y su participación es a la que habría mejorar. Por lo demás me gustó la atmósfera creada y el tema es interesante. Espero puedas pasar por ti relato.
    Soy Piquillín. nº22
    Escrito el 19 julio 2018 a las 21:52
  6.  Piquillin dice:
    Rectifico:la participación de Susana, habría que mejorar.
    Escrito el 19 julio 2018 a las 21:53
  7.  Karian V dice:
    Saludos Galia:
    Gracias por ofrecerme tu orientación en relación a mi cuento. Estoy revisando tus recomendaciones.
    Me gustó tu narración, en especial la descripción del hogar de Ramón y el resumen del final. Mucho éxito.
    Escrito el 19 julio 2018 a las 22:15