martes, 18 de junio de 2019

La niña del chaleco adosado




Mariela consideraba a su hija suya, sólo suya y estaba dispuesta a moldearla a su imagen y semejanza. Como ella no había tenido oportunidad de estudiar, no la envió al colegio, como no tenía familia, desde pequeña se había criado en un orfanato, no le dio oportunidad de tener una.
A los cuatro años, ella solía adosarle a su pequeña Candela chalecos con bengalas que debía ingresar a las canchas de fútbol, lugares donde estaban prohibidas, pues sabía que nadie revisaría a una niña tan pequeña, de mejillas paspadas y largo cabello negro enredado sobre sus hombros; esa era su changa, le pagaban por esto; a los seis el chaleco contenía sobrecitos con cocaína, con esto logró incrementar sus ingresos. De esta manera, Mariela podía mantener a la niña y vivir sin grandes aspiraciones pero sin entrar en la indigencia.
Candela creció sin límites, sin educación, sin afectos. De un día para otro su madre desapareció y nunca más la volvió a ver. Algunos comentaban que estaba presa, otros que se había marchado con un rufián que no le permitió llevar a la niña. Ella fue acogida por unos vecinos que ocupaban un conventillo y eran anarquistas. Unos años más tarde, allí conoció al amor de su vida, diez años mayor que ella quien la invitó a recorrer el mundo. En ese derrotero llegaron a una aldea de Siria donde Paco, su novio, tenía su grupo de referencia, sus amigos de las redes, como él los llamaba.
Candela se obnubiló con los nuevos camaradas, no le importó que éstos la relegaran a un segundo plano, que la colocaran en una posición servil, le impresionaba lo agerridos que eran, lo provocadores, lo dispuestos que estaban a a dar la vida por su causa. Un día, la invitaron a participar y ella aceptó agradecida y orgullosa. Hasta le dieron una misión: debía viajar a Francia, París y visitar el mercado de Navidad. La propuesta le fascinó. En la ciudad gala se encontró con unos integrantes de este grupo que la estaban aguardando. El día previsto para llevar a cabo el encargo, le pusieron un chaleco lleno de explosivos. Con ternura Candela recordó a su madre muerta y sus chalecos que contribuían a brindar alegría, ella era justamente eso, una traficante de alegría. La vida le daba la oportunidad de volver a serlo. Se dirigió a la meta fijada y cumplió la orden como lo había hecho siempre.
Los medios narraron su muerte y se refirieron a ella como “La chica del chaleco adosado”

miércoles, 29 de mayo de 2019

Descubrimiento


Tuve que irme a la cama para no flaquear…
Desde unos cuantos meses atrás, después del viaje, noté que la relación con Ernesto no era como antes. Se lo veía nervioso y esquivo, a veces, parecía un león enjaulado.
Comenzó a regresar cada vez más tarde pretextando exceso de trabajo. Se empastillaba antes de dormir de forma tal que me hacía pensar que abusaba de las medicinas.
Al principio intenté ignorar la situación, no quería enrollarme en suposiciones pero la tensión entre ambos iba en aumento y ya no podía seguir mirando al costado.
Ese anochecer me telefoneó con voz queda y me anunció que no vendría a dormir, le había salido un viaje a la Capital y se dirigía al aeropuerto.
Corté y me senté para disimular el temblor de mis piernas. Cuando pude recuperarme, me dirigí al escritorio e hice algo que nunca me había atrevido a hacer: abrí su computadora y empecé a buscar. Yo tenía fama de ser anti-tecnológica por lo que él no se había molestado en poner claves.
Era una investigación a ciegas, no sabía qué podía encontrar pero intuía que allí estaría la clave de tanta intriga. Después de recorrer horas y horas sus redes sociales, su correo, llegué a la sección archivos y me sorprendió, tras un largo listado la denominación de uno en particular: “Cajita feliz”. Lo abrí y apareció ante mis ojos una extensa lista con cifras. Me llevó largo tiempo poder decodificarlas hasta que un dato concreto fue la llave del enigma: la palabra éxtasis escrita como anagrama; recordé las noticias de la noche anterior que daban cuenta de una investigación sobre una banda internacional con conexiones locales que traficaba pastillas, así, la noticia me llevó directamente al listado que tenía frente a mis ojos; supuse que detrás de ese prestigioso gabinete de abogados penalistas al que él pertenecía, se escondía el lazo con la red.
Evidentemente que los números que aparecían eran cantidades, montos, un calendario y un código secreto que identificaba a los clientes. Ahora comprendía la compra del vehículo de alta gama seis meses atrás y el viaje que hicimos al Caribe. Era para festejar la culminación de un largo y millonario juicio que a él le dejó buenos dividendos, según relató.
Yo me sumé a su alegría pero había algo que no me dejaba disfrutar en plenitud, intuición femenina, quizás.
Evidentemente, en las últimas semanas la situación se había salido de los carriles, de ahí su cambio de humor hasta quizás acompañado de miedo.
Comprendí que su actitud distante no era porque me hubiera dejado de amar, sino, para no involucrarme en una actividad criminal.
Ahora que había descubierto sus andanzas, debía tomar una decisión: ignorar todo y aguardar el devenir de los acontecimientos o hacer la denuncia.
Lloré, lloré en silencio, grité mi rabia, recorrí con los ojos empañados por el dolor el largo listado, abrí el cajón del escritorio, saqué un pendrive, lo puse en la computadora, y cliqueé “guardar”. Con tantas evidencias a la vista, no tenía coartada.
Después, como si cargara una mochila llena de piedras sobre mi espalda, me dirigí hacia mi aposento…

10 comentarios

  1. 1. Otilia dice:
    Hola Galia:
    Muchas gracias por la visita y por tu amable comentario.
    Me ha gustado tu historia, aunque he tenido que releerla.
    En mi humilde opinión, el párrafo que empiezas “Era una investigación…” y terminas con “según relató” necesita un repaso. Así agobia un poco, puedes poner punto y aparte…
    No sé por qué has escrito capital con mayúscula. También tienes muy seguidas las palabras “claves” y “clave”, la segunda podías sustituirla por “llave”
    Gracias por tu trabajo. Nos leemos.
    Saludos.
    Escrito el 17 mayo 2019 a las 14:27
  2. 2. marazul dice:
    Hola Galia:
    Según iba leyendo me he sentido como la protagonista. Ella desconoce lo que se va a encontrar, lo mismo que el lector. Esa sensación de ir al mismo paso que la protagonista me ha enganchado. Lo has manejado muy bien, Galia. El temblor de piernas ante la sospecha o el descubrimiento es muy real.
    El final, guardando la información por si alguna vez tuviera que usarla, me parece una postura muy inteligente por su parte.
    Seguramente hay alguna coma mal puesta por ahí, pero yo lo he disfrutado igual.
    Un saludo
    Escrito el 17 mayo 2019 a las 20:15
  3. 3. Sebas A dice:
    Hola Galia:
    Me ha enganchado mucho tu relato. Pensé que la cosa iba para otro lado, y tuve que seguir leyendo -investigando como la protagonista de tu historia – para poder descubrir que acontecía en realidad. El final esta muy bien resuelto por vos y por la protagonista.
    Gran trabajo. Felicitaciones.
    Escrito el 19 mayo 2019 a las 14:53
  4. 4. isan dice:
    Hola Galia:
    Estupendo relato lleno de intriga, hasta el final incluso porque no termina de saberse la verdad. Bien narrado de forma que mantiene el interés y refleja el estado de ánimo de la protagonista. Tal vez ese final: “me dirigí a mi aposento…” desluce un poco por los puntos suspensivos. ¿Qué tal: “Me acosté y apagué la luz”?
    Entre las objeciones que le pondría, ya te han comentado que hay comas fuera de lugar:
    “Se lo veía nervioso y esquivo, a veces, parecía…” Mejor: Se LE veía nervioso y esquivo. A veces parecía…
    “…que no vendría a dormir, le había…” Cambiar la coma por dos puntos ya que, de esa forma, introduce el por qué no venía a dormir.
    “…locales que traficaba pastillas, así, la noticia me llevó…” Después de pastillas mejor punto y eliminar la coma después de así.
    “…dejado de amar, sino, para no involucrarme…” Suprimir la coma posterior a sino.
    Parece chocante que para ser anti-tecnológica (resalto lo de anti), pudiera decodificar un listado o hacer una copia de los archivos. Mejor que “guardar” tal vez sea más contundente “copiar”.
    Esta frase: “Se empastillaba antes de dormir de forma tal que me hacía pensar que abusaba de las medicinas.” Yo la modificaría ya que si se “empastilla”, es más que evidente que abusa.
    Ha sido un placer.
    Escrito el 19 mayo 2019 a las 16:13
  5. 5. Galia dice:
    Gracias Isan por todas tus acotaciones, las tendré en cuenta.
    Saludos.
    Galia
    Escrito el 19 mayo 2019 a las 21:18
  6. 6. Pepe dice:
    Hola Galia,
    Estupendo relato, te mantiene sin casi parpadear durante toda la lectura. La narración me gusta mucho, hay algunas expresiones raras para mí pero es por las diferencias en nuestra forma de expresión.
    La trama me gusta mucho, aunque siento que al final pierde algo de fuerza; empieza con algo que no sospechas, continúa en otra cosa más grande y acaba en un final que no acabo de entender, puede ser por eso por lo que perciba esa pérdida de fuerza. No obstante, solo es una apreciacón por si pudiera aportar algo a este estupendo relato.
    No leemos!!!
    Escrito el 20 mayo 2019 a las 21:33
  7. 7. Vespasiano dice:
    Hola Galia:
    Gracias por pasarte por mi relato y comentarlo.
    Tu historia me ha gustado. La he encontrado interesante y entretenida.
    Te apunto algunas cosas que he visto por si pudieran ayudarte:
    “Se lo veía nervioso y esquivo”. Cuidado con los leísmo. Debe ser: “Se le veía nervioso y esquivo”.
    “Se empastillaba antes de dormir…”. La palabra “empastillaba” no consta en el diccionario.
    “…pero la tensión entre ambos iba en aumento”. El narrador está en primera persona, por lo tanto esta oración debería ser escrita así: “…pero la tensión entre “nosotros” iba en aumento”.
    “…le había salido un viaje a la Capital y se dirigía al aeropuerto”. En esta oración, la palabra “capital” no debe escribirse con mayúscula.
    Repites en un corto espacio el adverbio “quizás”. Que creo no es plural: “Quizá”.
    Bueno, espero seguir leyéndonos en futuros retos.
    Felicidades.
    Escrito el 20 mayo 2019 a las 22:42
  8. 8. Galia dice:
    Gracias Vespasiano por tus observaciones, serán tenidas en cuenta.El significado de empastillarse es: “ingerir un exceso de medicamentos”, por lo general antidepresivos, ansiolíticos, o drogas no necesariamente legales.)
    Nos seguiremos leyendo.
    Saludos.
    Galia
    Escrito el 21 mayo 2019 a las 22:58
  9. Hola Galia
    Muchas gracias por pasarte por mi relato. Agradezco mucho tus comentarios. Tengo que pedirte disculpas , de alguna manera tenia que haber indicado que es una continuación del nº 53 del mes pasado. Algunos compañeros me pidieron una continuación y así lo he hecho.
    Respecto al tuyo, como siempre, me ha encantado leerte. Llevas la intriga de principio a fin aunque me has dejado con ganas de mas. ¿habrá segunda parte explicando que hace con el pendrive?.
    Nos seguiremos leyendo
    Escrito el 22 mayo 2019 a las 11:15
  10. 10. Maurice dice:
    Galia, me gustó tu historia y la forma en que la narras. Soy fanático de la redacción y de la puntuación; y la tuya, aunque en algún párrafo aislado te comes unas comas,o colocás coma donde yo pondría punto y coma o punto seguido; ej: tras un largo listado, la denominación…; o …conexiones locales que traficaba pastillas, así, la noticia me llevó…; yo reemplazaría por traficaba pastillas. Así, la….. Pero son detalles que releyendo varias veces el texto, seguro lo sacas. A mi me pasó porque n tuve tiempo para enviarlo, faltándome relectura, mandando algunas frases inconexas
    Por lo demás, lo tuyo me pareció impecable. Felicidades….
    Escrito el 28 mayo 2019 a las 03:40

sábado, 27 de abril de 2019

Cena inconclusa


Cuando Daniel pasó a buscarme a mi domicilio me miró con una sonrisa radiante, me besó en la mejilla y me dijo:
— Tendrás una noche de ensueño, te lo prometo— .
Hacía seis meses que nos habíamos conocido por internet y los chateos se hacían más frecuentes a medida que comprobábamos la cantidad de afinidades que teníamos.
Esa noche habíamos decidido dar el gran paso: conocernos personalmente.
Nos dirigimos al restaurante y nos acomodaron en una mesa junto a la ventana que mostraba el paso del río. Era un lugar demasiado elegante para una primera cita. Su nombre “Deshojando margaritas”, se refería a una superstición que dejaba librado al azar la decisión frente al amor.
Inmediatamente, el camarero nos entregó la carta y nos dio una copa de champaña de bienvenida.
El menú del día sugería una entrada de mejillones a la provenzal, el plato principal pez dorado a la parrilla con guarnición de papas rústicas, todo acompañado de un vino torrontés riojano, como postre una copa de frutillas con crema chantilly.
Quise elegir otro plato, pero cuando vino el mozo a tomar el pedido Daniel selló mis labios con un dedo y le indicó que trajera dos menúes sugeridos y continuó hablando y presumiendo sobre los últimos éxitos logrados en su empresa. Yo intentaba seguirlo pero la elección de la comida me había despertado un sensación de alerta.
De pronto, en una alarde de teatralización, las luces del recinto se apagaron y apareció un desfile de mozos que salieron de la cocina, cada cual con su bandeja alumbrada por candelabros.
Cerré los ojos y cuando los volví a abrir me encontré con el pez dorado sobre mi plato desde donde me dirigía una sonrisa de dientes afilados y me observaba con un solo ojo.
Sentí que me bañaba en transpiración y una arcada inundó mi boca con un gusto amargo.
Pedí disculpas a Daniel y partí con pasos apresurados al baño. Ni bien ingresé, sentí que mis piernas flaqueaban y perdí el conocimiento…

— Niñas, niñas, no os alejéis, — gritaba mi madre mientras jugábamos con Juliana, mi amiga íntima en el mar.
Los Reyes Magos nos habían traído chalecos salvavidas y queríamos estrenarlos. Amaneció con un sol que presagiaba un día espléndido y el mar parecía una piscina, casi no tenía oleaje.
— Te juego una carrera hasta la boya— , me desafió Juliana.
—Mira que no debemos alejarnos.
— No es lejos, sólo unas cuantas brazadas.
Juliana no esperó respuesta, se lanzó veloz hacia la meta fijada. Atrás quedé oscilando entre las advertencias de mi madre y el desafío de Juliana.
De pronto, un grito desgarrador salió desde las entrañas del mar y a continuación una mancha rojiza tiñó las aguas.
Juliana había sido alcanzada por un pequeño tiburón que en un instante le arrancó un brazo.
Rápidamente fue rescatada pero nada pudieron hacer para salvarla pues murió desangrada en el trayecto al hospital.
Yo cargué el resto de mi vida la imagen de mi amiga moribunda, no volví a pisar nunca más una playa ni a probar pescado en alguna de sus variedades…

Cuando abrí los ojos, unas mujeres me habían puesto paños fríos en la cabeza y me estaban haciendo inhalar perfume. Me erguí sobre mis piernas que aún temblaban, me acerqué a la mesa donde me esperaba un sorprendido Daniel y le solicité que me llevara a mi casa.
No tuve voluntad de relatarle el episodio, solo supo que se me hacía imposible tolerar la sonrisa burlona del dorado con sus dientes punzantes.

12 comentarios

  1. 1. LUDIKA dice:
    Buen trabajo, me gustó como manejaste el ¨viaje en el tiempo¨, sin caer en el viejo recurso de la máquina. Creo que lograste el objetivo sin ser obvia y haciendo que resulte interesante.
    Muy bueno el apodo de ¨deshojando margaritas¨ yo utilicé ese recurso en mi relato.
    Saludos y a seguir escribiendo!
    Escrito el 17 abril 2019 a las 18:19
  2. 2. Josè maría dice:
    Buen trabajo sobre todo el giro que le das al relato ,un saludo .estoy arriba ,asomado al precipicio por encima e tu balcon .
    Escrito el 17 abril 2019 a las 23:20
  3. 3. Carmen Ramarama dice:
    Muy bueno Galia. Coincido con Ludika en el buen paso hacia el tiempo pasado. También tiene algunos giros pícaros que nos acercan a la sonrisa. Y qué final pobre Daniel !
    Gracias por tu comentario en mi texto.
    Hasta la próxima.
    Escrito el 17 abril 2019 a las 23:33
  4. 4. IreneR dice:
    Buenas, Galia.
    El relato en sí me ha gustado, creo que está bien escrito y lo has sabido llevar con naturalidad. Aunque en mi humilde opinión no cumple con el reto, no veo el viajero en el tiempo, para mí es un recuerdo. Sí, al rememorarlo se viaja al pasado, pero… No sé, no es lo que me imagino cuando alguien dice viajar en el tiempo.
    Aun así, ya digo que me ha gustado. Solo añadiría que mirases la puntuación de los diálogos, hay algunas rayas de diálogos que están mal puestas.
    Nos leemos.
    Un saludo.
    Escrito el 18 abril 2019 a las 11:09
  5. 5. Piquillín dice:
    Hola Galia. Me gustó mucho tu relato. Pero opino como Irene R. para mí la protagonista no viajó en el tiempo, sino que tuvo un recuerdo intenso.
    Escrito el 18 abril 2019 a las 22:43
  6. 6. bochi dice:
    galia…me encantó lo que escribiste…me gustaría seguir leyendo cosas tuyas…como juegas con el lector….las idas y vueltas del relato…ayudan a dejarse llevar por este mar de fantasías y permitir que los tiburones nos coman en pedacitos…
    Escrito el 19 abril 2019 a las 21:57
  7. 7. Ofelia Gómez dice:
    Hola Galia
    Me ha gustado tu relato, describes muy bien las situaciones por las que pasa tu protagonista.
    Me parece que tienes unos pequeños detalles que podrías corregir:
    — Tendrás una noche de ensueño, te lo prometo.
    — Niñas, niñas, no os alejéis, —gritaba mi madre mientras jugábamos en el mar con Juliana, mi amiga íntima.
    — Te juego una carrera hasta la boya —me desafió Juliana.
    Rápidamente fue rescatada, pero nada pudieron hacer…
    Otra sugerencia es que, como tu texto es un relato en tres tiempos, podrías dejar una línea en blanco entre uno y otro, como para dar un respiro al lector ante el cambio.
    Me correspondía revisar las tres historias que siguen a la mía y ha sido un placer leer la tuya.
    Un abrazo
    Escrito el 21 abril 2019 a las 06:01
  8. 8. Otilia dice:
    Hola Galia:
    Un relato muy bien logrado. Me gusta y comprendo a la protagonista, no puedo ver los ojos de los peces, así que nunca sabré si el pescado está fresco.
    En cuanto a la forma, ya te han dicho lo de las rayas de diálogo. La frase “Sentí que me bañaba en transpiración” me parece rebuscada. Ya sabes, “menos es más”. Y en “conocernos personalmente”
    mejor “conocernos en persona”. Solo es mi opinión, Galia.
    Buen trabajo. Saludos.
    Escrito el 21 abril 2019 a las 11:12
  9. 9. Laura dice:
    Hola Galia.
    Muy buen relato con el ir hacia atrás, pero coincido con los que indican que no se trata de un viajero en el tiempo sino de un recuerdo, aunque es muy vívido para la persona.
    Me resultó totalmente vívido la forma en que volvió al pasado, especialmente con la no interrupción del relato. Simplemente me sumergiste en el recuerdo, sin aviso previo, y me gustó.
    Buena elección del nombre del restaurante.
    Mis saludos.
    Hasta la próxima propuesta.
    Escrito el 22 abril 2019 a las 11:00
  10. 10. Osvaldo Vela dice:
    Hola Galia.
    Tu relato del mes es sobrio en su comunicar. Me gustó el cambio tan brusco del relato, pues lo utilizas como recurso doble: uno para dominar la atención del lector y otro para cumplir el reto opcional.
    Al salir tus letras de un restaurante de primera, con la narradora desmayada en el baño a una playa de belleza única, me sugirió algo grave le sucedió de pequeña. Y vaya que si pasó.
    además, esta escrito o yo así lo creo, con la intención de alertar a tantos jóvenes dominados por un ambiente internauta sin medida, en no tomar decisiones tan importantes como lo es una relación semi formal, tan a la ligera.
    Te felicito.
    Saludos y un abrazo.
    Escrito el 22 abril 2019 a las 15:05
  11. 11. Lavanda dice:
    Me gustó tu relato Galia!
    Entretenido, dinámico y como intercalaste ese
    recuerdo trágico me
    movilizó.
    La sorpresa romántica de Daniel se desvaneció
    y la cita terminó.
    Muy bueno!!
    Escrito el 24 abril 2019 a las 21:20
  12. Hola Galia
    Gracias por pasarte por mi relato, siempre eres de gran ayuda. Referente al tuyo me ha gustado mucho. Al principio me despistó la historia introducida de la playa, pero al releerlo he visto que es genial. Muy bien introducido el reto opcional.
    Como siempre, un placer leerte
    Felicidades
    Escrito el 26 abril 2019 a las 15:41

sábado, 23 de marzo de 2019

Una última soga


El hombre se transformó en una asustada rata de albañal; estaba sucio, pestilente, despojado de toda humanidad. Sabía que iba a morir pero no se resignaba. Tiró la piedra atada con la soga, la vio ganar el espacio exterior y se sentó a esperar…
Le había costado ingresar al país vecino, el estado de convulsión se había exacerbado en los últimos días. Debía cubrir la situación, la cadena internacional de noticias apostaba a sus notas.
Ni bien arribó, fue rodeado por militares que lo condujeron a un sótano oscuro. Pidió explicaciones y como respuesta le quitaron las cámaras, el teléfono, el pasaporte. Volvió a preguntar y una carcajada sarcástica fue la respuesta.
Perdió la noción del tiempo, pasaron muchas horas, quizás días. La oscuridad había empezado a molestarle y tenía sed.
De pronto, la puerta se abrió pero la luz de esperanza se apagó cuando escuchó la orden: sería conducido a un calabozo.
A los empujones transitó el estrecho pasillo, atravesó la puerta e inmediatamente lo encapucharon y lo subieron al vehículo.
Afuera se sentía el grito de la muchedumbre, el ulular de sirenas y algunos disparos.
El trayecto fue corto pero accidentado pues debieron sortear unas barricadas.
Con estrépito el vehículo se detuvo, lo sacaron con brusquedad y lo empujaron a una celda. Ahí quedó con los brazos sujetos por esposas y la cabeza tapada.
Sintió el chirrido de la puerta de hierro, alguien entró, le liberó los brazos y le dejó una jarra con agua turbia y un vaso.
Cuando los pasos se alejaron, se quitó la capucha y observó el miserable lugar. En el ángulo superior, una pequeña claraboya dejaba filtrar un rayo de luz. Tenía sus ropas desgarradas y olía a materia fecal.
El tiempo entró en un cono de sombras y lo envolvió una inmensa soledad.
Para escapar de esta situación hostil, empezó a recorrer su vida como si viese una película.
Le agradeció tantos buenos momentos vividos, recordó las aventuras que había enfrentado mientras ejercía su profesión de periodista. Pero tampoco faltaron las desventuras. No obstante la circunstancia actual era mucho peor.
Escuchó a lo lejos una voz que le sonaba familiar. — Estoy delirando—, se dijo.
Pero la misma volvió a sonar y esta vez deletreaba su nombre.
Se arrastró hacia al tragaluz y vio la punta de una soga que comenzaba a descender. Pensó en un milagro aunque se reconocía agnóstico. Lentamente la soga se fue acercando a su mano, enlazaba un papel enrollado en una piedra. Ahí estaban las instrucciones: debía tratar de pasar la soga por otro barrote de la lucerna para que pudieran levantar la tapa. Ellos no podían acercarse para no despertar sospechas.
Quiso asir la cuerda pero sus dedos denunciaron una debilidad inusitada. El tiempo de encierro, la falta de alimentos, habían hecho mella y apenas podía mantenerse en pie.
Arrodillado bajo la claraboya, trató de enredar el extremo a la piedra.
Después de muchos intentos, fallidos en su mayoría, con el rostro surcado por las lágrimas, la vio perforar el espacio exterior y el cordel abrazado al hierro. Lo que vino después no puede describirlo, no le quedó registrado.
Despertó en una destartalada camioneta con los brazos y piernas magullados por los golpes, y un pie desnudo. Iban a una velocidad inusitada.
Sintió la balacea, se refugió bajo unas lonas y de golpe, la camioneta frenó y escuchó gritos de júbilo. Habían logrado llegar a la frontera. Desde la otra orilla les lanzaron una última soga para que pudieran traspasar la estrecha pasarela.

12 comentarios

  1. 1. Otilia dice:
    Hola Galia:
    Gracias por ser la primera en comentar y por tus amables palabras.
    En cuanto a tu relato, has contado una historia desgraciadamente muy real, pero nos regalas un final esperanzador. Buen trabajo.
    Hay expresiones que aunque entiendo me llaman la atención porque aquí no las utilizamos:”apostaba a sus notas”, “Ni bien arribó”, “A los empujones transitó…”. Enriquecedoras. Gracias.
    Nos leemos. Saludos.
    Escrito el 17 marzo 2019 a las 11:38
  2. 2. IreneR dice:
    Buenas, Galia.
    Tu relato me ha gustado mucho. Una historia dura, que desgraciadamente, es la realidad de algunos.
    No sé cuál fue tu intención al escribirla, pero por la forma en la que está todo descrito, me quedó con un regusto extraño, como de neblina, como si ni el mismo personaje supiese qué era lo que estaba ocurriendo en cada momento.
    Hay una frase que no sé si es una expresión de tu zona, o está mal escrita: “A los empujones transitó el estrecho pasillo”. Para mi sería: a empujones, transitó el estrecho pasillo.
    Nos leemos.
    Un saludo.
    Escrito el 17 marzo 2019 a las 17:23
  3. 3. M.L.Plaza dice:
    Hola Galia.
    Gracias por leer mi relato y por tus amables palabras.
    Has escrito una historia dura a la que los periodistas tienen que enfrentarse demasiado frecuentemente.
    Me ha parecido muy interesante ese ambiente difuso que recreas en el que no se sabe cuánto tiempo transcurre, solo la debilidad progresiva del protagonista.
    Un relato muy interesante que, a mí, me parece muy bien escrita.
    Saludos
    Escrito el 17 marzo 2019 a las 18:59
  4. 4. isan dice:
    Hola Gaia:
    El periodismo hace tiempo se convirtió en una profesión de riesgo. El que no lo tiene por las guerras, lo tiene en casa con los intransigentes o con las audiencias.
    Si no he entendido mal, empieza el relato en el momento de la liberación y luego, en un pasaje retrospectivo nos cuenta cómo llegó a esa situación para, al final resolver la angustia del cautiverio.
    Me ha gustado el planteamiento y el estilo, especialmente por hacerse con términos o expresiones poco habituales para mí. Has creado conflicto expectativas y buen ritmo.
    Un saludo.
    Escrito el 17 marzo 2019 a las 20:30
  5. 5. Labajos dice:
    Hola:
    El ritmo es trepidante,los hechos se suceden sin otro reposo que el que se toma el protagonista para hacer balance de su vida, que supone que va a perder. Sentimos la tensión del periodista en su fuga de un conflicto que puede ser cualquiera de los actuales, donde la vida se cotiza a la baja y los periodistas son molestos testigos. Supongo que era lo que querías mostrar. Felicidades, lo has conseguido.
    Escrito el 17 marzo 2019 a las 21:24
  6. 6. PattyR84 dice:
    Hola Galia,
    ¡Qué relato tan bien llevado! Al leerlo, he sentido el hedor que rodea al protagonista en su encierro, la angustia de estar encerrado en ese calabozo y la esperanza al ser rescatado.
    Me ha gustado mucho la forma de escribir que tienes, ¡enhorabuena!
    Escrito el 18 marzo 2019 a las 10:48
  7. 7. Carmen Ramarama dice:
    Hola Galia.
    Me encantó tu relato, muy buenas las imágenes que hacen vivir las situaciones de esta “crónica del avasallamiento al periodismo de investigación” ( según mi impresión). Bueno, al periodismo.
    Me gustó la resolución al final.
    Gracias por comentar mi texto.
    Felicitaciones.
    Hasta la próxima
    Escrito el 18 marzo 2019 a las 12:42
  8. 8. marazul dice:
    Un relato muy interesante, Galia, y que muy bien puediera ser realidad. Tiene muchos ingredientes que lo hacen creíble: la profesión de periodistas de guerra en contacto directo con el problema, el entorno de rebelión, la inseguridad en las calles, el encarcelamiento, la tortura…
    Muy bien descrita la atmósfera.
    Y ese final “feliz” con fuga de película que nos da ganas de aplaudir.
    Me ha gustado leerte, Galia.
    Saludos
    Escrito el 18 marzo 2019 a las 23:33
  9. Hola Galia
    Gracias por pasarte por mi relato. Respecto al tuyo ya te han comentado bastante los compañeros. _Estoy de acuerdo con ellos aunque yo lo he tenido que leer varias veces, ya que desconozco algunos vocablos vuestros.
    Como siempre, un placer leerte. Felicidades
    Escrito el 20 marzo 2019 a las 18:47
  10. 10. Piquillín dice:
    Hola Galia: Gracias por tu comentario a mi relato.Yo sí entendí todos los términos, parece que somos de la misma región. Me gustó mucho la historia de este periodista y como describes su estado. Nos seguiremos leyendo en la próxima.
    Escrito el 21 marzo 2019 a las 19:48
  11. 11. Vespasiano dice:
    Hola Galia:
    Gracias poe pasarte por mi relato y comentarlo.
    El tuyo me ha parecido una narración donde muestras la vocación de una persona que ejercerla y por contar la verdad, muchas veces lo lleva a situaciones de encarcelamiento y tortura a la espera de que el gobierno de su país pague el rescate que piden los terroristas, o se pudra en una carcel por obra y gracia del dictador que mal gobierna.
    Me ha gustado tu hisoria y por ello te felicito.
    Nos seguiremos leyéndo.
    Escrito el 22 marzo 2019 a las 22:49
  12. 12. Vespasiano dice:
    Hola de nuevo:
    Dos cosas que se me han escapado y corrijo: “…la vocación de una persona que “POR” ejercerla y…”
    “Me ha gustado tu “HISTORIA” y por ello te felicito”.
    Hasta pronto.
    Escrito el 22 marzo 2019 a las 22:56


lunes, 25 de febrero de 2019

La ofensa


Al abrir la puerta comprendió que su mundo se había derrumbado definitivamente.
Bruno no podía creer que ese cuerpo que colgaba cual péndulo era de su hermana.
Sólo vino a su mente una pregunta que repitió veinticuatro horas seguidas y que, a pesar de haber transcurrido ya seis meses, aún no había podido encontrar la respuesta:« ¿ por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?»
Valentina, al cumplir su primer añito quedó huérfana, su padre murió peleando en las islas Malvinas y a los pocos días, su madre, que había quedado colapsada frente a la infausta noticia, cruzó una avenida absorta en sus pensamientos y fue atropellada por un colectivo. Y ahí quedó la niña huérfana por partida doble.
Nelson había cargado sobre sus espaldas al padre de Valentina a un hospital de campaña pero las heridas habían sido mortales y nada pudieron hacer para salvarlo.
Culminada la contienda el combatiente regresó con el cuerpo sano pero su mente y alma destrozadas.
Cuando conoció la muerte de Delfina, se sintió de nuevo con el deber de cargar a su infausto amigo, no a él, precisamente, que yacía enterrado en la turba, sino a su pequeña, en manos de una guarda sustituta.
Así Valentida fue acogida por esta familia que le devolvió la calidez de un hogar.
Ocho años después, el nacimiento de Bruno agregó un nuevo integrante e inmediatamente Valentina se convirtió en su protectora.
Y la vida siguió su curso, con una Valentina feliz aunque no muy amigable con el estudio lo que le provocó un atraso en el bachillerato que debió culminar en cursos para adultos. Allí, entre sus compañeros, estaba Martín, un treintañero de modales torpes y marcado desaliño; eso lo hacía objeto de permanente bullying por parte de sus camaradas.
Martín se enamoró de Valentina en cuanto la vio y empezó a rondarla a fin de conseguir su atención. La seguía a luz y sombra, siempre se inmiscuía en los diálogos que ella mantenía con sus condiscípulos y en varias oportunidades amagó con acompañarla a la salida de clase.
Harta del permanente acoso, un día Valentina se le plantó delante de todos y le gritó que la dejara en paz. La carcajada de los compañeros estallaron como cuchilladas en la cabeza de Martín quien se juró vengar esa ofensa.
El último día de clase Valentina lo vivenció como una liberación, y al llegar al umbral del colegio, al que no quiso darle ni una última mirada de despedida, Martín la cruzó y burlonamente le dijo: “ adiós hija adoptiva”.
Valentina lo enfrentó y le inquirió el porqué de ese apelativo a lo que su camarada en una acto de verborragia, le vomitó su historia que conocía en detalle pues un tío de él también había sido compañero de armas del padre de la adolescente.
El dolor y la indignación nublaron la mente de la joven. Por un momento olvidó tanto amor recibido, tanta dedicación brindada a Bruno, quiso arrancar toda su historia de esta vida que ahora le sonaba prestada, ajena.
Corrió, corrió muy fuerte, ingresó a su casa que ya no era suya, se encerró en su habitación, miró el retrato de su familia con un rencor que le brotó de algún pasadizo recóndito de su mente, tomó el cinto, lo ajustó a su cuello, lo colgó del barral del ropero y tiró, tiró fuerte, demasiado. Mientras tanto Bruno seguía buscando una explicación...

  Comentarios

  1. 1. IreneR dice:
    Buenas, Galia.
    Qué relato más triste y trágico. Y qué cruel puede llegar a ser la vida en algunas ocasiones.
    Aún así, a pesar de la tragedia, me ha gustado leerlo.
    Un saludo.
    Escrito el 17 febrero 2019 a las 08:56
  2. 2. Laura dice:
    Hola Galia.
    Tu relato es triste, de una dolorosa realidad.
    En 750 palabras has contado toda una historia, con toda la previa que lleva a la situaciòn de suicidio, pasando por la de acoso en el secundario.
    Bruno, con quien inicias la historia, desaparece el resto del relato para abocarte a la historia de Valentina.
    Creo que con màs espacio, podrías desarrollarla a gusto.
    Mis saludos.
    Hasta la pròxima propuesta.
    Escrito el 17 febrero 2019 a las 12:05
  3. 3. Ulises dice:
    Hola Galia,
    Totalmente de acuerdo con Laura, quizás con más de espacio el relato pudiese haberse desarrollado con tranquilidad. Una historia magnífica, en la que sabes meter al lector en el contexto perfectamente. He disfrutado mucho leyendo.
    Mi relato es el 118, por si te quieres pasar
    Escrito el 17 febrero 2019 a las 14:29
  4. 4. Otilia dice:
    Hola Galia:
    Gracias por leer y comentar.
    Tu relato engancha, pero creo que tiene mucha información para 750 palabras.
    En mi opinión, en vez de escribir “bullying” escribiría acoso escolar. Si escribes “bullying” en cursiva o entre comillas.
    Repites la palabra infausto, la segunda vez puedes poner desgraciado.
    Buen trabajo, Galia. Nos leemos.
    Saludos.
    Escrito el 17 febrero 2019 a las 17:34
  5. 5. María Jesús dice:
    Hola Galia: Tu relato es muy entretenido aunque el final me ha parecido un poco drástico. Desde luego Martín obró de manera muy vengativa, pero Valentina, si recibió tanto amor por parte de su familia adoptiva ¿Por qué suicidarse? Pienso que la trama es muy buena pero quizá habría que darle un toquecillo al desenlace para que quedase redondo. Pero es solo una opinión personal de lectora.
    Un saludo.
    Escrito el 17 febrero 2019 a las 19:53
  6. 6. C.R. Toska dice:
    Hola Galia, tu relato me ha cautivado desde el principio. Atrapa bien la atención del lector.
    Buscando algo negativo, me ha desconcertado la palabra “condiscípulos” en ese contexto, yo hubiese elegido algún sinónimo más coloquial.
    Por todo lo demás felicidades por el relato.
    Estoy en el 114, por si te quieres pasar.
    Un saludo.
    Escrito el 17 febrero 2019 a las 22:04
  7. 7. isan dice:
    Hola Galia:
    Nos presentas una historia con una ofensa, la de Martín, con trágicas consecuencias. Tal vez la reacción de Valentina un tanto desmesurada. Pasar de la familia feliz a decir que no es la suya.
    En lo formal hay alguna cosa que se te ha pasado en la revisión: “Así Valentida fue acogida”Valentina. “en una acto de verborragia”un. “lo cogó del barral” colgó.
    Ha estado bien.
    Un saludo.
    Escrito el 18 febrero 2019 a las 21:39
  8. 8. Carmen Ramacciotti dice:
    Hola Galia.
    Se conjugan varias realidades en tu relato, muy tristes todas por cierto. Por lo mismo muy dañinas para el alma humana que no se cura de una sola vez y entonces llega la gota que llena el vaso. Es que somos tan misteriosos. Y es por eso que Bruno no deja de preguntarse ¿por qué?.
    La ofensa fue vengada, pero siento pena por Valentina.
    Me gustó la historia.
    En lo formal, creo que a “la carcajada” la pondría en plural.
    Hasta la próxima.
    Escrito el 19 febrero 2019 a las 12:06
  9. 9. Lavanda dice:
    Hola Galia!
    Me gustó tu historia.
    Muy real y acorde con los momentos actuales.
    Me mantuvo atenta a los sucesos que fuiste presentando,la realidad de una adolescente conflictiva y muy intempestiva.
    El final triste, no
    creí terminara con su vida de esta manera.
    Estoy en el 101 por si quieres leer mi escrito.
    Nos vemos.
    Hasta la próxima.
    Hasta
    Escrito el 19 febrero 2019 a las 13:27
  10. 10. Doralú dice:
    Hola Galia,
    Es un placer leerte nuevamente, siempre nos regalas puntos de vista interesantes sobre los temas.
    Es un relato que presenta una realidad muy ruda. A pesar de la brevedad y falta de información sobre lo sucedido en el transcurso de la vida de Valentina, lograste captar mi atención y llegaste a mover mis sentidos. Sentí mucha pena por muerte de Valentina. Me hubiese gustado tener una pista del porqué ella miró con rencor el retrato de su familia. Pero… creo que un relato más largo sería posible.
    En cuanto a lo formal, veo que se colaron unas cosillas por allí, que no desmerecen el relato:
    :« ¿ por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?» dejar espacio después de dos puntos, quitar espacio después del primer signo de interrogación. Y creo que los “por” deben ir en mayúsculas.
    Así Valentida fue acogida… cambiar a Valentina
    : “ adiós hija adoptiva”. Quitar espacio después de las comillas.
    lo cogó del barral. Creo que es lo colgó.
    Como vez, dedos distraídos, nada de importancia.
    Un abrazo
    Escrito el 19 febrero 2019 a las 16:54
  11. 11. marazul dice:
    Hola Galia, gracias por comentar mi relato.
    El tuyo me ha parecido bastante dramático, ya que al principio pintaba bien, la verdad. Al fin y al cabo Valentina tenía una vida familiar bastante normal. Claro, que la mente de la personas es un misterio de reacciones imprevistas.
    En cuanto a la forma es un relato claro que se entiende bien.
    Encantada de leerte, Galia
    Saludos
    Escrito el 19 febrero 2019 a las 19:19
  12. 12. Dante Tenet dice:
    Hola Galia
    Buen relato, proporcionado en su introducción u desarrollo.
    Se lee fácil.
    El cierre lo siento demasiado trágico, quizás pq desarrolle empatía con la protagonista al leerlo. Y eso es merito tuyo .
    Nos seguimos leyendo
    Escrito el 20 febrero 2019 a las 04:01
  13. 13. Vespasiano dice:
    Hola Galia:
    Gracias por pasarte por mi relato y comentarlo.
    El tuyo me ha conmocionado. Pero infelizmente esas cosas tan trágicas suceden y, algunas llegan a ser noticias en los telediarios.
    Por señalarte algo que me ha llamado la atención; sería el empleo de la palabra “camarada” refiriendose al acosador.
    “Camarada”
    1. m. y f. Persona que acompaña a otra y come y vive con ella.
    2. m. y f. Persona que anda en compañía con otras, tratándose con amistad y confianza.
    3. m. y f. En ciertos partidos políticos y sindicatos, correligionario o compañero.
    Por el contenido de la historia, parecería una incogruencia decir que me ha gustado; pero si puedo decir que me ha gustado como la has escrito.
    Felicidades.
    Escrito el 21 febrero 2019 a las 17:05