Presentación
En marzo convocamos a escritores de todas las nacionalidades a escribir cuentos en español que transcurrieran en “su lugar favorito del mundo”. El resultado es esta antología, cuyos cuentos hablan de lugares, pero también hablan de amor, de poesía, de solidaridad, de nostalgia, de esperanza, de desencantos. Los invitamos a hacer un viaje, tomen el mapa y pónganse cómodos: partiremos de la Olavarría de Juan Pablo Goñi Capurro y cruzaremos el Río de la Plata para ver la Montevideo de Zandro Zás y Graciela Vargas Ramos y la Pan de Azúcar de Alina Tortosa. De ahí iremos a Europa, a la Edimburgo de Alejandro E. Ferrari y a la París de Clara Gonorowsky y Damaris Gassón Pacheco. Seguiremos hacia Italia para ir a la Capri de Renate Mörder y la Trieste de Fede Marongiu. Luego volaremos hacia la México de Jessica de la Portilla Montaño y Cecilia Janet Ramos Montes, para finalmente concluir nuestro viaje en Sudamérica, en la Quito de Roberto Pérez Rivadeneira y la Lima de Carlos Enrique Saldivar. ¡Vengan! Probablemente acabarán cansados, pero como al final de todo lindo viaje, se quedaran con los recuerdos y las ganas de volver.
PARÍS GRIS…
Su llegada a París fue un mosaico de sensaciones: el frío intenso de ese invierno impiadoso la abrazó en los primeros pasos, la nieve acunó sus pies helados, pero su corazón vibró ante la felicidad de alcanzar un sueño que por momentos parecía inalcanzable. Así se entrecruzaron el temor, el frío, la alegría, la emoción, la curiosidad, el embeleso. La cobijó un departamento antiguo, en el último piso del edificio y el balcón le mostró los tejados negros y un sinfín de chimeneas. El calor del hogar reconfortó su cuerpo entumecido y le dio alas para organizar el periplo. A la mañana siguiente se dirigió a la Plaza de la República y, al ir a tomar el subte, un individuo de mirada azul intensa la cruzó y le dirigió una sonrisa. Se subió al vagón con la presencia de esos ojos azules que la acompañaron todo el trayecto. Tras hacer diversas combinaciones, llegó a la Torre Eiffel que se apareció majestuosa a su mirada. Allí erguida, desafiante, invitaba a subir, a convertir a sus visitantes en liliputienses en jaula de hierro, a mostrar París, desde distintas perspectivas. Con los pies nuevamente en tierra, caminó por el Campo de Marte y se dirigió hacia Los Inválidos; en mausoleo imponente, descansa Napoleón. Pero esos ojos azules, los que subieron con ella al subte fueron guiando sus pasos para un próximo encuentro. Tomó el boulevard Saint Germain y, a pocos metros, se encontró en el Museo d’ Orsay. En el piso superior, iluminado con luz natural, se exponen los tesoros de la pintura del Impresionismo. Sumergirse en esa galería, fue entrar en el mundo de Monet, Manet, Degas, Renoir, torbellinos de colores, sensaciones, el vértigo de la belleza, del esplendor de una época mágica; pero el golpe de emoción llegó, al enfrentarse a unos ojos azules intensos que la miraban desde el autorretrato de Vincent Van Gogh, los ojos azules que la habían acompañado toda la mañana. Sintió la imperiosa necesidad de adentrarse en su mundo, recorrer sus espacios vividos, al menos algunos, los más cercanos a su muerte. Al día siguiente, se dirigió a la estación St. Lazare y tomó un tren a Pontoise, en búsqueda de la genialidad, pues al genio ya no podía encontrarlo. Desde allí, partió a Auvers sur Oise, lugar de morada y de descanso eterno del trágico pintor. Visitó la pensión de Ravoux donde transcurrieron días de su existencia, su solitaria cama, su desvencijada mesa de luz, pequeño universo plasmado en una de sus obras. Después vio la Iglesia pintada por el artista y expuesta en el Museo d’ Orsay, a continuación fue a los campos que él vio cubiertos de mieses en suaves colinas y que plasmó en el lienzo, en amarillos, verdes pálidos y dulce malva; ella no tuvo ese privilegio, solo vio una inmensa mancha blanca, una nieve que lo cubría todo y el paseo la llevó a concluir a los pies de su tumba, esa tarde gris que apagaba el día, una tumba contra un muro pero donde no estaba solo ya que lo acompañaba la sepultura de su hermano Theo, ambos sí solos, fríos, durmiendo el sueño eterno en medio de la nada, en cuna de hiedra con sábana de mármol. Allí pudo despedirse definitivamente de esos ojos azules que dieron una impronta distinta a su excursión por Francia pero no se pudo despegar aún de ellos, los impresionistas, por lo que decidió aguardar los albores de la primavera, volver a Pontoise y diagramar una visita a Giverny para recorrer los jardines que inspiraron a Monet y su casa con toda su intimidad. Cuando llegó a París, la visualizó blanca, blanca de nieve, pero nunca se imaginó que detrás de tanta blancura podía encontrar tanto color, el de los impresionistas, un color que la iluminó, que le marcó senderos, que alimentó su alma, que la llenó de sol, ese invierno gris.
Lo que acabo de leer me ha hecho recordar uno de los telediarios que he visto y escuchado últimamente, por eso no me ha resultado impactante.
No sé si tu intención ha sido rendirle un homenaje a ese grupo de académicos que fueron cobardemente asesinados.
Si ha sido así, me uno respetuosamente a guardar la memoria de los fallecidos y condenar a esos fanáticos radicalizados que siembran el terror en cualquier parte del mundo.
Veo que has cambiado el medio de transporte que utilizaron, ya que ellos iban montados en bicicleta cuando fueron arrollados por el terrorista. Claro que una bicicleta no necesita repostar gasolina.
En cuanto al reto, a pesar de que el grupo de amigos y el terrorista han coincidido durante algún tiempo en la gasolinera, la escena del atropello mortal sucede fuera de la gasolinera.
En general, tu historia me ha gustado.
Felicidades.
A todos en Baires nos ha golpeado esta historia.
Me gusta que le hayas sacado el tono periodistico y la conviertas en algo humano.
Me ha gustado tu relato, ahora se lee mucha novela de no ficción ( carrere, Cercas, el gran precursor Capote) pero no relatos cortos. Ha sido una gran idea.
Pero creo que no se ajusta exactamente al reto “que el relato tenga lugar en una gasolinera como único escenario.”
En cualquier caso es un gran relato. Enhorabuena.
Buen relato. Tiene alguna frase tan larga que casi me quedo sin aire, deberías poner alguna coma. Estoy de acuerdo con los comentarios que ya te han hecho, demasiado estamos viviendo está escena en los telediarios…
Buen trabajo, saludos
Creo que el relato nos ha llevado a todos al lugar correcto.
Quizás lo que más me ha gustado sea la descripción de la calma previa al evento.Dedicamos a veces mucha reflexión a los momentos posteriores al horror, pero hay algo extraordinario en los momentos previos, que ya constituyen una historia por sí mismos.
Si te ayuda, me gustaría decirte que las comparaciones explícitas ayudan a que el relato sea más vívido. Veo que lo haces muy acertadamente al comparar la duración de los preparativos del viaje y el ataque. Tal vez desarrollar un poco más este paralelismo u otros otorgaría nitidez al relato.
Aprecio mucho tu homenaje, gracias por tu texto.
Gracias por comentar mi relato. Me ha gustado mucho, yo no sabía que estaba inspirado en hechos reales, y eso me deja impactada. Es un triste final para esos chicos y chicas, te deja pensando después de leerlo.
Te seguiré leyendo.
Saludos.
Un saludo y nos leemos!