sábado, 23 de marzo de 2019

Una última soga


El hombre se transformó en una asustada rata de albañal; estaba sucio, pestilente, despojado de toda humanidad. Sabía que iba a morir pero no se resignaba. Tiró la piedra atada con la soga, la vio ganar el espacio exterior y se sentó a esperar…
Le había costado ingresar al país vecino, el estado de convulsión se había exacerbado en los últimos días. Debía cubrir la situación, la cadena internacional de noticias apostaba a sus notas.
Ni bien arribó, fue rodeado por militares que lo condujeron a un sótano oscuro. Pidió explicaciones y como respuesta le quitaron las cámaras, el teléfono, el pasaporte. Volvió a preguntar y una carcajada sarcástica fue la respuesta.
Perdió la noción del tiempo, pasaron muchas horas, quizás días. La oscuridad había empezado a molestarle y tenía sed.
De pronto, la puerta se abrió pero la luz de esperanza se apagó cuando escuchó la orden: sería conducido a un calabozo.
A los empujones transitó el estrecho pasillo, atravesó la puerta e inmediatamente lo encapucharon y lo subieron al vehículo.
Afuera se sentía el grito de la muchedumbre, el ulular de sirenas y algunos disparos.
El trayecto fue corto pero accidentado pues debieron sortear unas barricadas.
Con estrépito el vehículo se detuvo, lo sacaron con brusquedad y lo empujaron a una celda. Ahí quedó con los brazos sujetos por esposas y la cabeza tapada.
Sintió el chirrido de la puerta de hierro, alguien entró, le liberó los brazos y le dejó una jarra con agua turbia y un vaso.
Cuando los pasos se alejaron, se quitó la capucha y observó el miserable lugar. En el ángulo superior, una pequeña claraboya dejaba filtrar un rayo de luz. Tenía sus ropas desgarradas y olía a materia fecal.
El tiempo entró en un cono de sombras y lo envolvió una inmensa soledad.
Para escapar de esta situación hostil, empezó a recorrer su vida como si viese una película.
Le agradeció tantos buenos momentos vividos, recordó las aventuras que había enfrentado mientras ejercía su profesión de periodista. Pero tampoco faltaron las desventuras. No obstante la circunstancia actual era mucho peor.
Escuchó a lo lejos una voz que le sonaba familiar. — Estoy delirando—, se dijo.
Pero la misma volvió a sonar y esta vez deletreaba su nombre.
Se arrastró hacia al tragaluz y vio la punta de una soga que comenzaba a descender. Pensó en un milagro aunque se reconocía agnóstico. Lentamente la soga se fue acercando a su mano, enlazaba un papel enrollado en una piedra. Ahí estaban las instrucciones: debía tratar de pasar la soga por otro barrote de la lucerna para que pudieran levantar la tapa. Ellos no podían acercarse para no despertar sospechas.
Quiso asir la cuerda pero sus dedos denunciaron una debilidad inusitada. El tiempo de encierro, la falta de alimentos, habían hecho mella y apenas podía mantenerse en pie.
Arrodillado bajo la claraboya, trató de enredar el extremo a la piedra.
Después de muchos intentos, fallidos en su mayoría, con el rostro surcado por las lágrimas, la vio perforar el espacio exterior y el cordel abrazado al hierro. Lo que vino después no puede describirlo, no le quedó registrado.
Despertó en una destartalada camioneta con los brazos y piernas magullados por los golpes, y un pie desnudo. Iban a una velocidad inusitada.
Sintió la balacea, se refugió bajo unas lonas y de golpe, la camioneta frenó y escuchó gritos de júbilo. Habían logrado llegar a la frontera. Desde la otra orilla les lanzaron una última soga para que pudieran traspasar la estrecha pasarela.

12 comentarios

  1. 1. Otilia dice:
    Hola Galia:
    Gracias por ser la primera en comentar y por tus amables palabras.
    En cuanto a tu relato, has contado una historia desgraciadamente muy real, pero nos regalas un final esperanzador. Buen trabajo.
    Hay expresiones que aunque entiendo me llaman la atención porque aquí no las utilizamos:”apostaba a sus notas”, “Ni bien arribó”, “A los empujones transitó…”. Enriquecedoras. Gracias.
    Nos leemos. Saludos.
    Escrito el 17 marzo 2019 a las 11:38
  2. 2. IreneR dice:
    Buenas, Galia.
    Tu relato me ha gustado mucho. Una historia dura, que desgraciadamente, es la realidad de algunos.
    No sé cuál fue tu intención al escribirla, pero por la forma en la que está todo descrito, me quedó con un regusto extraño, como de neblina, como si ni el mismo personaje supiese qué era lo que estaba ocurriendo en cada momento.
    Hay una frase que no sé si es una expresión de tu zona, o está mal escrita: “A los empujones transitó el estrecho pasillo”. Para mi sería: a empujones, transitó el estrecho pasillo.
    Nos leemos.
    Un saludo.
    Escrito el 17 marzo 2019 a las 17:23
  3. 3. M.L.Plaza dice:
    Hola Galia.
    Gracias por leer mi relato y por tus amables palabras.
    Has escrito una historia dura a la que los periodistas tienen que enfrentarse demasiado frecuentemente.
    Me ha parecido muy interesante ese ambiente difuso que recreas en el que no se sabe cuánto tiempo transcurre, solo la debilidad progresiva del protagonista.
    Un relato muy interesante que, a mí, me parece muy bien escrita.
    Saludos
    Escrito el 17 marzo 2019 a las 18:59
  4. 4. isan dice:
    Hola Gaia:
    El periodismo hace tiempo se convirtió en una profesión de riesgo. El que no lo tiene por las guerras, lo tiene en casa con los intransigentes o con las audiencias.
    Si no he entendido mal, empieza el relato en el momento de la liberación y luego, en un pasaje retrospectivo nos cuenta cómo llegó a esa situación para, al final resolver la angustia del cautiverio.
    Me ha gustado el planteamiento y el estilo, especialmente por hacerse con términos o expresiones poco habituales para mí. Has creado conflicto expectativas y buen ritmo.
    Un saludo.
    Escrito el 17 marzo 2019 a las 20:30
  5. 5. Labajos dice:
    Hola:
    El ritmo es trepidante,los hechos se suceden sin otro reposo que el que se toma el protagonista para hacer balance de su vida, que supone que va a perder. Sentimos la tensión del periodista en su fuga de un conflicto que puede ser cualquiera de los actuales, donde la vida se cotiza a la baja y los periodistas son molestos testigos. Supongo que era lo que querías mostrar. Felicidades, lo has conseguido.
    Escrito el 17 marzo 2019 a las 21:24
  6. 6. PattyR84 dice:
    Hola Galia,
    ¡Qué relato tan bien llevado! Al leerlo, he sentido el hedor que rodea al protagonista en su encierro, la angustia de estar encerrado en ese calabozo y la esperanza al ser rescatado.
    Me ha gustado mucho la forma de escribir que tienes, ¡enhorabuena!
    Escrito el 18 marzo 2019 a las 10:48
  7. 7. Carmen Ramarama dice:
    Hola Galia.
    Me encantó tu relato, muy buenas las imágenes que hacen vivir las situaciones de esta “crónica del avasallamiento al periodismo de investigación” ( según mi impresión). Bueno, al periodismo.
    Me gustó la resolución al final.
    Gracias por comentar mi texto.
    Felicitaciones.
    Hasta la próxima
    Escrito el 18 marzo 2019 a las 12:42
  8. 8. marazul dice:
    Un relato muy interesante, Galia, y que muy bien puediera ser realidad. Tiene muchos ingredientes que lo hacen creíble: la profesión de periodistas de guerra en contacto directo con el problema, el entorno de rebelión, la inseguridad en las calles, el encarcelamiento, la tortura…
    Muy bien descrita la atmósfera.
    Y ese final “feliz” con fuga de película que nos da ganas de aplaudir.
    Me ha gustado leerte, Galia.
    Saludos
    Escrito el 18 marzo 2019 a las 23:33
  9. Hola Galia
    Gracias por pasarte por mi relato. Respecto al tuyo ya te han comentado bastante los compañeros. _Estoy de acuerdo con ellos aunque yo lo he tenido que leer varias veces, ya que desconozco algunos vocablos vuestros.
    Como siempre, un placer leerte. Felicidades
    Escrito el 20 marzo 2019 a las 18:47
  10. 10. Piquillín dice:
    Hola Galia: Gracias por tu comentario a mi relato.Yo sí entendí todos los términos, parece que somos de la misma región. Me gustó mucho la historia de este periodista y como describes su estado. Nos seguiremos leyendo en la próxima.
    Escrito el 21 marzo 2019 a las 19:48
  11. 11. Vespasiano dice:
    Hola Galia:
    Gracias poe pasarte por mi relato y comentarlo.
    El tuyo me ha parecido una narración donde muestras la vocación de una persona que ejercerla y por contar la verdad, muchas veces lo lleva a situaciones de encarcelamiento y tortura a la espera de que el gobierno de su país pague el rescate que piden los terroristas, o se pudra en una carcel por obra y gracia del dictador que mal gobierna.
    Me ha gustado tu hisoria y por ello te felicito.
    Nos seguiremos leyéndo.
    Escrito el 22 marzo 2019 a las 22:49
  12. 12. Vespasiano dice:
    Hola de nuevo:
    Dos cosas que se me han escapado y corrijo: “…la vocación de una persona que “POR” ejercerla y…”
    “Me ha gustado tu “HISTORIA” y por ello te felicito”.
    Hasta pronto.
    Escrito el 22 marzo 2019 a las 22:56


lunes, 25 de febrero de 2019

La ofensa


Al abrir la puerta comprendió que su mundo se había derrumbado definitivamente.
Bruno no podía creer que ese cuerpo que colgaba cual péndulo era de su hermana.
Sólo vino a su mente una pregunta que repitió veinticuatro horas seguidas y que, a pesar de haber transcurrido ya seis meses, aún no había podido encontrar la respuesta:« ¿ por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?»
Valentina, al cumplir su primer añito quedó huérfana, su padre murió peleando en las islas Malvinas y a los pocos días, su madre, que había quedado colapsada frente a la infausta noticia, cruzó una avenida absorta en sus pensamientos y fue atropellada por un colectivo. Y ahí quedó la niña huérfana por partida doble.
Nelson había cargado sobre sus espaldas al padre de Valentina a un hospital de campaña pero las heridas habían sido mortales y nada pudieron hacer para salvarlo.
Culminada la contienda el combatiente regresó con el cuerpo sano pero su mente y alma destrozadas.
Cuando conoció la muerte de Delfina, se sintió de nuevo con el deber de cargar a su infausto amigo, no a él, precisamente, que yacía enterrado en la turba, sino a su pequeña, en manos de una guarda sustituta.
Así Valentida fue acogida por esta familia que le devolvió la calidez de un hogar.
Ocho años después, el nacimiento de Bruno agregó un nuevo integrante e inmediatamente Valentina se convirtió en su protectora.
Y la vida siguió su curso, con una Valentina feliz aunque no muy amigable con el estudio lo que le provocó un atraso en el bachillerato que debió culminar en cursos para adultos. Allí, entre sus compañeros, estaba Martín, un treintañero de modales torpes y marcado desaliño; eso lo hacía objeto de permanente bullying por parte de sus camaradas.
Martín se enamoró de Valentina en cuanto la vio y empezó a rondarla a fin de conseguir su atención. La seguía a luz y sombra, siempre se inmiscuía en los diálogos que ella mantenía con sus condiscípulos y en varias oportunidades amagó con acompañarla a la salida de clase.
Harta del permanente acoso, un día Valentina se le plantó delante de todos y le gritó que la dejara en paz. La carcajada de los compañeros estallaron como cuchilladas en la cabeza de Martín quien se juró vengar esa ofensa.
El último día de clase Valentina lo vivenció como una liberación, y al llegar al umbral del colegio, al que no quiso darle ni una última mirada de despedida, Martín la cruzó y burlonamente le dijo: “ adiós hija adoptiva”.
Valentina lo enfrentó y le inquirió el porqué de ese apelativo a lo que su camarada en una acto de verborragia, le vomitó su historia que conocía en detalle pues un tío de él también había sido compañero de armas del padre de la adolescente.
El dolor y la indignación nublaron la mente de la joven. Por un momento olvidó tanto amor recibido, tanta dedicación brindada a Bruno, quiso arrancar toda su historia de esta vida que ahora le sonaba prestada, ajena.
Corrió, corrió muy fuerte, ingresó a su casa que ya no era suya, se encerró en su habitación, miró el retrato de su familia con un rencor que le brotó de algún pasadizo recóndito de su mente, tomó el cinto, lo ajustó a su cuello, lo colgó del barral del ropero y tiró, tiró fuerte, demasiado. Mientras tanto Bruno seguía buscando una explicación...

  Comentarios

  1. 1. IreneR dice:
    Buenas, Galia.
    Qué relato más triste y trágico. Y qué cruel puede llegar a ser la vida en algunas ocasiones.
    Aún así, a pesar de la tragedia, me ha gustado leerlo.
    Un saludo.
    Escrito el 17 febrero 2019 a las 08:56
  2. 2. Laura dice:
    Hola Galia.
    Tu relato es triste, de una dolorosa realidad.
    En 750 palabras has contado toda una historia, con toda la previa que lleva a la situaciòn de suicidio, pasando por la de acoso en el secundario.
    Bruno, con quien inicias la historia, desaparece el resto del relato para abocarte a la historia de Valentina.
    Creo que con màs espacio, podrías desarrollarla a gusto.
    Mis saludos.
    Hasta la pròxima propuesta.
    Escrito el 17 febrero 2019 a las 12:05
  3. 3. Ulises dice:
    Hola Galia,
    Totalmente de acuerdo con Laura, quizás con más de espacio el relato pudiese haberse desarrollado con tranquilidad. Una historia magnífica, en la que sabes meter al lector en el contexto perfectamente. He disfrutado mucho leyendo.
    Mi relato es el 118, por si te quieres pasar
    Escrito el 17 febrero 2019 a las 14:29
  4. 4. Otilia dice:
    Hola Galia:
    Gracias por leer y comentar.
    Tu relato engancha, pero creo que tiene mucha información para 750 palabras.
    En mi opinión, en vez de escribir “bullying” escribiría acoso escolar. Si escribes “bullying” en cursiva o entre comillas.
    Repites la palabra infausto, la segunda vez puedes poner desgraciado.
    Buen trabajo, Galia. Nos leemos.
    Saludos.
    Escrito el 17 febrero 2019 a las 17:34
  5. 5. María Jesús dice:
    Hola Galia: Tu relato es muy entretenido aunque el final me ha parecido un poco drástico. Desde luego Martín obró de manera muy vengativa, pero Valentina, si recibió tanto amor por parte de su familia adoptiva ¿Por qué suicidarse? Pienso que la trama es muy buena pero quizá habría que darle un toquecillo al desenlace para que quedase redondo. Pero es solo una opinión personal de lectora.
    Un saludo.
    Escrito el 17 febrero 2019 a las 19:53
  6. 6. C.R. Toska dice:
    Hola Galia, tu relato me ha cautivado desde el principio. Atrapa bien la atención del lector.
    Buscando algo negativo, me ha desconcertado la palabra “condiscípulos” en ese contexto, yo hubiese elegido algún sinónimo más coloquial.
    Por todo lo demás felicidades por el relato.
    Estoy en el 114, por si te quieres pasar.
    Un saludo.
    Escrito el 17 febrero 2019 a las 22:04
  7. 7. isan dice:
    Hola Galia:
    Nos presentas una historia con una ofensa, la de Martín, con trágicas consecuencias. Tal vez la reacción de Valentina un tanto desmesurada. Pasar de la familia feliz a decir que no es la suya.
    En lo formal hay alguna cosa que se te ha pasado en la revisión: “Así Valentida fue acogida”Valentina. “en una acto de verborragia”un. “lo cogó del barral” colgó.
    Ha estado bien.
    Un saludo.
    Escrito el 18 febrero 2019 a las 21:39
  8. 8. Carmen Ramacciotti dice:
    Hola Galia.
    Se conjugan varias realidades en tu relato, muy tristes todas por cierto. Por lo mismo muy dañinas para el alma humana que no se cura de una sola vez y entonces llega la gota que llena el vaso. Es que somos tan misteriosos. Y es por eso que Bruno no deja de preguntarse ¿por qué?.
    La ofensa fue vengada, pero siento pena por Valentina.
    Me gustó la historia.
    En lo formal, creo que a “la carcajada” la pondría en plural.
    Hasta la próxima.
    Escrito el 19 febrero 2019 a las 12:06
  9. 9. Lavanda dice:
    Hola Galia!
    Me gustó tu historia.
    Muy real y acorde con los momentos actuales.
    Me mantuvo atenta a los sucesos que fuiste presentando,la realidad de una adolescente conflictiva y muy intempestiva.
    El final triste, no
    creí terminara con su vida de esta manera.
    Estoy en el 101 por si quieres leer mi escrito.
    Nos vemos.
    Hasta la próxima.
    Hasta
    Escrito el 19 febrero 2019 a las 13:27
  10. 10. Doralú dice:
    Hola Galia,
    Es un placer leerte nuevamente, siempre nos regalas puntos de vista interesantes sobre los temas.
    Es un relato que presenta una realidad muy ruda. A pesar de la brevedad y falta de información sobre lo sucedido en el transcurso de la vida de Valentina, lograste captar mi atención y llegaste a mover mis sentidos. Sentí mucha pena por muerte de Valentina. Me hubiese gustado tener una pista del porqué ella miró con rencor el retrato de su familia. Pero… creo que un relato más largo sería posible.
    En cuanto a lo formal, veo que se colaron unas cosillas por allí, que no desmerecen el relato:
    :« ¿ por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?» dejar espacio después de dos puntos, quitar espacio después del primer signo de interrogación. Y creo que los “por” deben ir en mayúsculas.
    Así Valentida fue acogida… cambiar a Valentina
    : “ adiós hija adoptiva”. Quitar espacio después de las comillas.
    lo cogó del barral. Creo que es lo colgó.
    Como vez, dedos distraídos, nada de importancia.
    Un abrazo
    Escrito el 19 febrero 2019 a las 16:54
  11. 11. marazul dice:
    Hola Galia, gracias por comentar mi relato.
    El tuyo me ha parecido bastante dramático, ya que al principio pintaba bien, la verdad. Al fin y al cabo Valentina tenía una vida familiar bastante normal. Claro, que la mente de la personas es un misterio de reacciones imprevistas.
    En cuanto a la forma es un relato claro que se entiende bien.
    Encantada de leerte, Galia
    Saludos
    Escrito el 19 febrero 2019 a las 19:19
  12. 12. Dante Tenet dice:
    Hola Galia
    Buen relato, proporcionado en su introducción u desarrollo.
    Se lee fácil.
    El cierre lo siento demasiado trágico, quizás pq desarrolle empatía con la protagonista al leerlo. Y eso es merito tuyo .
    Nos seguimos leyendo
    Escrito el 20 febrero 2019 a las 04:01
  13. 13. Vespasiano dice:
    Hola Galia:
    Gracias por pasarte por mi relato y comentarlo.
    El tuyo me ha conmocionado. Pero infelizmente esas cosas tan trágicas suceden y, algunas llegan a ser noticias en los telediarios.
    Por señalarte algo que me ha llamado la atención; sería el empleo de la palabra “camarada” refiriendose al acosador.
    “Camarada”
    1. m. y f. Persona que acompaña a otra y come y vive con ella.
    2. m. y f. Persona que anda en compañía con otras, tratándose con amistad y confianza.
    3. m. y f. En ciertos partidos políticos y sindicatos, correligionario o compañero.
    Por el contenido de la historia, parecería una incogruencia decir que me ha gustado; pero si puedo decir que me ha gustado como la has escrito.
    Felicidades.
    Escrito el 21 febrero 2019 a las 17:05

jueves, 14 de febrero de 2019

Puerta cerrada



Entré al bodegón, pedí una copa de vino y me senté junto a la ventana.
Mientras esperaba el plato de pastas observé al perro que saltaba sobre el umbral de la casa de enfrente. Evidentemente quería entrar pero no tenía respuesta de sus moradores.
Saltaba y saltaba, golpeba el vidrio, intentaba mover el picaporte pero su esfuerzo era en vano.
Se alejó cabizbajo hacia la parada de ómnibus y allí se echó con desgano. Sus orejas bajas denotaban tristeza.
La entrada de la vieja casona fue ocupada por un anciano que apenas podía caminar. Se desparramó en el ingreso mientas el sol del mediodía lo castigaba con fuerza.
Me llamó la atención verlo tan abrigado ese tórrido día, como si se hubiera puesto todo el ropero encima. Era estatua encorvada por el peso de la ropa y de los años, monumento a una vejez solitaria y abandonada.
El perro volvió sobre sus pasos e inició la danza para poder ingresar. Esta vez no estaba solo, el viejo había intentado lo mismo pero sus piernas no lo sostenían.
El umbral, así, se conviertió en el albergue de dos almas desamparadas.
Descansaban, tomaban impulso, golpeaban la vieja puerta, descansaban, daban golpes de puño, el hombre, cabezasos, el perro, descansaban, se paraban, tambaleante, el hombre, temblando, el perro, golpeaban, gritaba, el hombre, ladraba, el perro, rozaban la puerta al unísono, y ya sin fuerzas, se tiraban sobre el escalón.
De pronto, cuando parecía que la batalla estaba perdida, el pórtico dejó ver su espacio interior y ambas criauturas desaparecieron detrás del mismo.
Yo me quedé tratando de desentrañar si había sido realidad o un espejismo de dos ánimas en pena.